Bundesliga | Bayer Leverkusen

Bayer: del cielo al infierno en un año

El finalista de la Champions está a un punto del descenso en Alemania.

<B>HUNDIDOS DESDE GLASGOW</B>. Oliver Neuville, desconsolado tras perder en Hampden Park la final de la Champions 2002 ante el Real Madrid.
Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
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La volea de Zidane llevaba mucho más veneno que el que mató a Hans-Jörg Butt en el gol este de Hampden Park. En Glasgow, el Bayer Leverkusen no sólo perdió la final ante el Real Madrid, sino que comenzó un viaje de vuelta que no toca fondo. El finalista de la Champions, el equipo revelación en Europa en 2002 coquetea ahora con el descenso en la Bundesliga (está a un punto del precipicio) y lo tiene crudo en la Liga de Campeones, donde Inter y Barcelona (ambos con dos victorias; los alemanes, con dos derrotas) le sacan varios cuerpos de ventaja en la carrera hacia cuartos.

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¿Qué más le puede pasar? Pues que pierda el sábado ante el Hansa Rostock y a Klaus Toppmöller, el técnico más piropeado la pasada temporada, le den la patada. Ayer, su jefe, Rainer Calmund, le reiteró el respaldo de la directiva, aunque zanjó la reunión con un inquietante: "Puedo entender que esté nervioso, pero el club no puede garantizarle que acabe la temporada". ¡Ufff! Toppmöller, que nada pudo hacer para detener la fuga de sus dos grandes estrellas al Bayern Múnich, Zé Roberto y Michael Ballack, ve fantasmas por todos lados. Los últimos, bajo enormes sábanas blancas en forma de lesión.

Nowotny será baja hasta final de temporada por una rotura de ligamentos en la rodilla, Lucio fue operado en diciembre del pie izquierdo y Placente y Juan se cayeron de las listas de Bielsa y Parreira para los amistosos de ayer debido a sendas contusiones. El 15 de mayo de 2002, cuando Hierro levantaba la copa de campeones, en Glasgow empezó a llover. Y para el Bayer, desde entonces, no lo ha dejado.

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