NBA | Oeste 155-Este 145

La NBA rindió tributo a Jordan

A Michael le dejaron la presunta canasta definitiva, pero al final arrasó el Oeste

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Pero éste no es el final, claro que no: el final de la Edad de Oro de la NBA no puede ser una pachanga en la que se regalan canastas, titularidades y un poco más de la poca vergüenza que nos queda a todos, incluido un tal Michael Jeffrey Jordan.

El final, un The End como el de Casablanca o los Siete Magníficos, debería ser en la final de la NBA, en el campo de los Lakers, y con Michael Jordan jugándose el último tiro ante su príncipe heredero: Kobe Bryant. Lo demás son cuentos a la medida de los hacedores de marketing o de los que venden cacahuetes como si fuera caviar beluga.

A Michael Jordan le buscaron un final de bisutería entre la NBA y unos sujetos que no valen ni para atarle las Air Jordans: "Mike, al final de la primera prórroga, cuando lleves 8 de 27 en tiros de campo, con 136-136 o así, te dejamos un tirito para que ganes la pachanga y te vayas a la playa, al asilo o al campo de golf..."

...El Jordan de hoy metió el tirito. El viejo Jordan, no el Jordan viejo, el de hoy, ni siquiera habría jugado este All Stars, ni siquiera habría necesitado que Vince Carter le dejase su camiseta de titular en un alarde de munificencia. Nada ha ganado Carter. Jordan lo ha ganado todo. Carter ha jugado con el Jordan viejo y con el gorila Shaquille. Y Jordan: Ay....

El viejo Jordan aprendió a volar de la mano de Julius Erving, el Doctor J. Y aprendió a matar con el instinto asesino de Larry Bird. Y aprendió a hacer trucos ante la magia de Magic Johnson. Y aprendió a volar desafiando a la gravedad bajo las alas de Dominique Wilkins: la Edad de Oro.

Como decíamos, el Jordan de hoy metió el tirito de caridad y puso al Este arriba: 138-136. El Jordan de los 90 metía tiros criminales, balazos que valían anillos en Los Angeles, Phoenix y Salt Lake City. Le hizo siete triples seguidos a Clyde Drexler en la final de 1992. Pisó el Valle de los Reyes y se construyó una Gran Pirámide a su medida: el United Center de Chicago.

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En este All Stars, ni siquiera el árbitro Ted Bernhardt, al que una vez calentó Dennis Rodman, respetó a Jordan: tras la última canasta de Jordan, Bernhardt pitó una faltita de Jermaine O´Neal a Kobe Bryant que, cómo no, empató para el Oeste con dos tiros libres: los que no metió en Houston, aquel día del triste Yao Ming.

En la segunda prórroga, Jordan ni jugó, y el Oeste, lanzado, arrasó de la mano de Kevin Garnett. Yo no soy Luther King, pero tengo un sueño: ver a Jordan, con 40 años, ganando esta final de la NBA en el campo de los Lakers: ése sería El final. The End.

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