A los títulos se añaden los récords
Poco a poco, el atletismo español va haciendo un buen acopio de récords. Hasta hace una época nada lejana, sólo conseguía títulos; ahora, también plusmarcas. Cuando un país presenta ambas credenciales, su prestigio y peso internacional suben como la espuma, porque por ahí fuera el récord tiene tanta importancia como el título. Por eso el atleta español ha estado quizá aún lo esté poco considerado. Prueba de ello es que se cuentan con los dedos de una mano quienes han estado nominados para la votación de mejor atleta del año. Alberto García quizá invierta la tendencia.
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Y es que el atleta español ha vivido siempre de espalda a los récords. La mayoría de los que se han conseguido lo fueron en campeonatos o en reuniones al rebufo de otros grandes atletas. El de García, no. García se presentó en Gante como candidato a establecerlo, recibió la confianza del organizador de la carrera y tuvo liebres puestas exclusivamente a su servicio. Y es que ir a por un récord no es nada fácil porque obliga a una puesta a punto extraordinaria, generalmente fuera del pico máximo de forma fijado como objetivo en la temporada, que coincide con la celebración de algún campeonato.
García asumió el reto y salió triunfante. La pena es que este desafío a la historia no lo pudiera haber planteado en Madrid, su ciudad, con Vallecas poniendo alas en sus pies, que García es una celebridad en su barrio, como se demuestra cada año en la San Silvestre Vallecana. Pero Madrid tiene patas arriba sus instalaciones y ahora mismo no dispone de ningún lugar donde hacer reuniones de atletismo en pista cubierta. Al menos García tendrá una nueva oportunidad la próxima semana de intentar otro récord en su propio país, en Sevilla, donde las palmas, de salida, le harán arañar un par de segundos.
