Deuda pendiente

Manolete
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A los atléticos, el Sánchez Pizjuán nos trae un pésimo recuerdo. Allí se empezó a cavar el descenso de categoría. No nos olvidaremos fácilmente del partido Sevilla-Oviedo. Lopera y Gil se hartaron de ofrecer primas a los sevillistas, pero no cuajó. El miedo a la reacción de su público hizo que el Oviedo de Luis Aragonés ganara por 2-3 y prácticamente consiguiera la salvación, aunque es cierto que pichichi Hasselbaink puso mucho de su parte fallando el penalti decisivo en el Carlos Tartiere, en otro partido.

Sin Fernando Torres, Contra y José Mari es como para echarse a temblar lo que pueda pasar esta tarde. Tampoco son edificantes las declaraciones de esta semana asegurando que son los equipos modestos los que más problemas ponen. La tensión y la concentración se supone a los jugadores que la deben tener siempre que juegan un partido y por mucho que me cuenten milongas, los que en teoría son mejores tienen que salirse en este tipo de partidos. Charlotadas como el día del Recreativo no son de recibo. Es cierto que el Sevilla de Caparrós es un hueso duro de roer, pero si el Atlético quiere ser alguien y luchar por Europa no se tiene que venir de vacío. Lo contrario sería un gran fracaso y dar la razón a quienes aseguran que hay exceso de mediocridad en la plantilla atlética esta temporada. En el Sánchez Pizjuán tiene que iniciar el Atlético su andadura del Centenario que le permita dar una alegría sus aficionados.

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