Zidane es la distinción en un gran club
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Un genio anda suelto por el Bernabéu. Un talento libre, un creador, un pelotero soberbio. Zidane es la quintaesencia del jugador de fútbol. El show en sí mismo, el asombro y la envidia de quien alguna vez quiso ser futbolista. Su elegancia es el sueño imposible del resto de los mortales. Su manejo de la pelota sólo se ha visto en otros tres dioses: Di Stéfano, Pelé y Maradona. Llegó al Madrid graduado en buenas universidades, pero con la camiseta blanca está impartiendo un master completo. Zizou alucinó al mundo con el golazo de Glasgow y desde entonces no ha bajado el listón más que por razones de fatiga. Tiene toque, tiene visión, tiene potencia y tiene gol. Si fuera más rápido y rematara bien de cabeza habría que hacerle la prueba del Carbono 14 para identificar su procedencia.
Ayer Zidane hizo la jugada más completa del partido, culminada en gol. Mató un balón alto con un control de tacón, encaró en diagonal con bicicleta, amagó y burló al defensa buscando salida a la pelota con el pie izquierdo, encontró pared con Ronaldo y, al recibir empalmó con la derecha un chut seco y colocado al poste largo. A punto estuvo algún jugador del Betis de abrazarle rendido a la grandeur de este mago. Dijo Zizou en AS que Raúl lo era todo en este Madrid. Y es que también es modesto. Es un modelo de conducta, un hombre educado, un ser cosmopolita de los que hacen distinguido a un club de fútbol. El francés es un ángel de pies grandes por el que merece la pena pagar una entrada de fútbol. El más galáctico de este Madrid galáctico.