Primera | Real Madrid 4 - Betis 1

La galaxia es infinita

Recital del Betis primero. Hasta que los galácticos se desataron. Ronaldo, genial, cerró la exhibición

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Ronaldo: peculiar ser con perilla (o flequillo) que se caracteriza por salir bien librado, siempre de forma genial, ya sea de lesión terrorífica o de penalti patatero, de los de cárcel, cuyo rechace culmina con un gol fastuoso y sonrisa radiante. Ronaldo: coloquialmente, para brasileños y madridistas, final feliz.

Así es la vida y así es él. Después de un partido que fue mil cosas (Betis, Raúl, Figo, Zidane..), el nombre de Ronaldo se apoderó de todo como una guinda gigante. Su arrancada, su fallo, su amague, su gol, su forma de secarse el sudor como diciendo lo fallo y me matan, serán, de lo ocurrido ayer, lo que quede para siempre.

Nadie recordará que la primera parte fue, esencialmente, un baño del Betis. Como suena. Digo esencialmente porque en los breves instantes en los que no lo fue empató el Madrid. Y si el acoso del Betis no acabó en escándalo es porque el Betis no tiene delantero centro ni nadie que se pase por allí.

En cuanto empezó el partido se hizo fácil entenderlo (eso creíamos): Denilson volvería loco a Miñambres, un lateral interesantísimo en ataque pero blandísimo en defensa. Esa fue la primera enseñanza. Luego se comprobó la enorme categoría de Jesús Capitán, Capi, los nombres no son casualidad. También se vio que Joaquín ha perdido el miedo, si es que algún día lo tuvo.

En los primeros quince minutos el Betis llegó cien veces por la banda de Denilson, este disparó al poste y el equipo se permitió ciertos lujos propios del Ajax de nuestros sueños (o pesadillas, según).

Tardó un cuarto de hora en salir el Madrid, pero cuando lo hizo la jugada acabó en gol, anulado eso sí, y bien. Fue un cabezazo de Raúl a pase de Ronaldo, que poco tiempo después se marcó una arrancada entre búfalo y pantera, pura jungla.

Y aunque el Madrid contestaba, dirigido siempre por Figo, no piensen que se igualó mucho el partido: el Betis seguía pareciendo más alto, más joven, más seductor, algo así como un concursante de Operación Triunfo dividido en nueve partes (no cuento ni a Filipescu ni a Luis Fernández). Sin embargo, Raúl, súbitamente, escapó de la niebla que le oculta y empató el partido.

Nunca sabremos si el Betis feneció justo entonces o cuando al comenzar la segunda parte le pitaron un penalti en contra por embestida de Cañas a Roberto Carlos. Sucedió en la esquina del área grande, a tres kilómetros de Prats.

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Porque lo que siguió al gol de Figo fue el Madrid cuando juega bien, cuando encoge a sus rivales, cuando coinciden los buenos y ya no sabes de dónde salen tantos. Un control maravilloso de Zidane le sirvió para cabalgar hacia el área, para regatear a los tréboles, hacer la pared con Ronaldo y marcar de chutazo que valdría para despejar una sala de ARCO.

En momentos así el Madrid parece una película de Hollywood: sucesivas aventuras encaminadas a que el protagonista salve el planeta Tierra de los alienígenas y se case con la chica de morritos candorosos. Y antes de la boda, todo es un despliegue de taconazos, un oleaje, un musical que termina con el mejor número, carrera de Ronaldo, penalti, Figo que se la deja en plan colega megaguay y un desenlace inesperado y apoteósico. Y luego dicen que el teatro está en crisis, en fin.

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