Dos tipos silenciosos
Araujo lleva unas gafitas pequeñas a lo John Lennon, habla poco y en voz baja, como si te susurrase al oído, despide calma y paz. Es un peleador peculiar, un tipo sano acostumbrado en su vida privada a educar a niños autistas, un deportista en toda regla. Rubén Martínez, el presidente de la EBU, lo explicó magistralmente: "Es un honor para el boxeo español contar con un campeón de la talla humana de Jorge Araujo".
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Roman Karmazin también es silencioso. Medio calvo y larguirucho, fibroso, lo mira todo con curiosidad. Nunca se altera. Es frío como el hielo, un ejemplo de que las apariencias engañan. Por dentro es un volcán, un peleador tremendo, con una izquierda que a mí la noche que se pegó con Castillejo me recordó a la de Ken Buchanan, aquel escocés que tropezó en un memorable combate con el gran Miguel Velázquez. La izquierda de Karmazin es un estilete, como decían los viejos cronistas de boxeo.
Araujo y Karmazin reservan todas sus palabras para esta noche en La Cubierta de Leganés. Los dos se transforman con los guantes puestos. Araujo deja de ser un chico tranquilo y entonces todos los tatuajes de su cuerpo parecen una amenaza. Cuando Karmazin se pone en guardia descubres que es una roca sin fisuras. El choque de estos dos tipos silenciosos promete ser una batalla espectacular.