Tiroteo en Riazor
Un pseudopenalti dio vida al Depor para la vuelta en un duelo en el que El Rifle Pandiani, con dos goles, fue clave.

Pandiani no tiene amigos en el campo, tiene gol. El Rifle dispara y luego pregunta. El uruguayo le puso la semifinal cuesta arriba al que fue y será su equipo. Sólo la artillería pesada del Depor, Tristán y Makaay, equilibraron el tiroteo.
El encuentro arrancó con novedades en el corazón de ambas defensas. Por los deportivistas, Pablo Amo, con una inflamación en el tendón rotuliano, dejaba el sitio a Donato. Cambio de peón por peón. En el Mallorca, Niño se caía de la lista y Poli se reconvertía en central (un parche). Quizás por eso Manzano entendió que la mejor manera de tapar sus carencias defensivas era irse al ataque. Y acertó. Pandiani, Etoo y El Caño Ibagaza presionaron muy arriba y el suspense rondó el área blanquiazul cuando Andrade, Donato y Juanmi tenían el balón en los pies.
El Deportivo hipotecó sus opciones a los chispazos de un Tristán muy vigilado, a las diagonales de Sergio y a la movilidad de Luque. En eso, una buena mano de Juanmi sacó un malintencionado tiro de Ibagaza. El Mallorca tapó las bandas a un Depor sin extremos y comenzó a tocar buscando los espacios a la espalda de los laterales. El partido pintaba así cuando un centro de Novo tocó en la espalda de Andrade envenenándose. Pandiani fue el más listo, ganó la espalda a un desubicada zaga y cabeceó el balón a la red. Sin noticias de los centrales, Juanmi no pudo evitarlo. El encuentro transcurría bajo el guión previsto por Manzano.
Irureta dejó en la ducha a Amavisca y alineó a su tridente en ataque. Makaay, por la derecha; Luque, por la izquierda; Tristán, en punta. Todo el arsenal para contrarrestar la puntería de El Rifle. El Depor arrancó bien, empleando las bandas, especialmente la de Sergio y un voluntarioso Manuel Pablo. Pero el Mallorca te apuñala cuando descuidas tu retaguardia y eso ocurrió. Novo la tuvo dos veces. La primera, la madera, y la segunda, una oportuna intervención de Juanmi, evitaron la sentencia. En Riazor se vivía una sensación de dejavu, el mismo quiero y no puedo que se escenificó ante los isleños hace dos meses en Liga. El ataque kamikaze deportivista podía acabar en harakiri. Duscher se animó a aparecer por el área, y cuando el argentino ganaba protagonismo, Jabo le sustituyó (?).
El Depor empujaba sin inquietar. Y el Mallorca inquietaba sin empujar. En los minutos de la basura, cambió casi todo. Ibagaza regaló un balón a la espalda de la zaga y Pandiani descerrajó a Juanmi con un obús que entró por su palo. Etoo sentenció tres minutos después. Tristán, de pseudo-penalti, maquilló el resultado y Makaay, a pase de Diego, devolvió la vida a la eliminatoria. Y en medio de este tiroteo digno de un western de John Wayne (con Pandiani, ovacionado y en el banquillo) una pregunta asaltó a Riazor: ¿Y si hubieran jugado todo el partido así?.
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