Inteligencia y astucia
Nadie sabe el nombre que usó Aquiles cuando se escondió entre las mujeres ni el que usaba Manuel Ruiz de Lopera cuando vendía viseras par só (para el sol) de Heliópolis. Pero ambas cosas no quedan más allá de toda conjetura. De hecho, Víctor Fernández está en camino de pillar la matrícula de su presidente. A la innata astucia de Lopera, un genio en la universidad de la calle, Víctor opone... la brillantez de la inteligencia: ni una queja, ni un enfrentamiento. El aragonés fan de los Lakers ofrece una apariencia inmaculada de hombre de club. De empresa. De Lopera: chico listo.
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Operando así, Víctor puede conseguir cosas en un club en el que dos vicepresidentes y el gerente han sido imputados por la fiscalía por solidarizarse con su presidente en una causa abierta por Hacienda a la que asistían en calidad de... testigos. Víctor no tiene por qué llegar a tanto: lo único que quiere son fichajes y a ser posible, arietes rompedores. En defensa, se verá.
Como el mercado invierno se acabó, una y no más, Joao Tomás, Víctor ya está convenciendo a su señor presidente Don Manuel para que empiece en el trabajo de campo para el gran mercado de verano: quiere a Wesley Sonck, el torpedito belga y sueña con el carísimo Cissé, la gacela oscura del Auxerre. Si Hacienda no ahoga hoy, pregunten por Sonck mañana...
