El regalito del bronce
Sostiene César Argilés que el cuarto puesto en un mundial nunca puede ser un fracaso, y posiblemente cuando el resultado se valore con perspectiva haya que estar de acuerdo con él. Pero hoy, casi el día después, cuando se repasa lo que pudo ser y no fue, no queda más remedio que asumir que de Lisboa hemos vuelto a casa con una tremenda decepción.
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Alguien tiene que ser el culpable, alguien debe inmolarse en beneficio de todos los que vimos la medalla tan al alcance de la mano, aunque habría que aceptar que Croacia ha sido la mejor, la justa campeona, la que ha ganado a todos los gallitos. Como en la selección de jugadores había consenso antes del mundial, habrá que preguntarse por qué alguna de las estrellas emergentes, caso de Entrerríos, caso de Romero, no le echaron una mano a Masip en aquellas memorables prórrogas ante Croacia. Por qué Garralda no aportó en ataque, o por qué los extremos estuvieron tan timoratos. No habrá respuesta; es el juego.
Pero queda una pregunta en el aire. ¿Por qué Alemania tuvo bula y consentimiento para cambiar el orden del partido en la semifinal y jugar antes que España? ¿Por qué se le consintió? Ahora se justifica la derrota ante Francia porque tuvo más horas de reposo que nosotros. Pero eso es verdad porque alguien se lo regalo .
