Entre copa y copa...
Abróchense los cinturones que vamos a sufrigozar. Este podría ser el aviso del Pamesa Valencia a sus aficionados, ante un mes crucial en la historia del club en el que la previsión anuncia dosis equivalentes de angustia y euforia, como si se tratase, con perdón, de un festival para masoquistas. Conquistar la Copa del Rey ante su público y meterse en semifinales de la Copa ULEB son los objetivos del equipo taronja para febrero.
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Como bien dice Paco Olmos su Pamesa aún tiene todo por conquistar en esta campaña y el liderato actual en la Liga puede quedar en mera anécdota. Exagera un poco, porque sí ha ganado ya cosas importantes: el respeto de sus adversarios y la confianza de sus incondicionales. Respeto porque el juego del Pamesa tiene calidad, energía y brillantez. Confianza porque es una plantilla repleta de estrellas/obreros, consciente de su poder y de la importancia del proyecto que defiende.
Valencia siempre ha sido plaza difícil para jugadores, técnicos y directivos. Aficionados y Prensa local exigen mucho, a veces más de lo razonable. Quizá por ello tiene doble mérito la irrupción de Paco Olmos, un chaval de la casa, en la élite de entrenadores europeos. Hay ya un buen grupo de preparadores españoles que, paralelo a los júniors de oro, muestra personalidad y talento. Pepu Hernández, Óscar Quintana, Ricard Casas, Moncho López y Paco Olmos son sus adalides.
