Esta vez era oro o nada
El balonmano español ha vivido una generación de jugadores extraordinarios, muy superior incluso a aquella de Rico y Cecilio Alonso. Cinco medallas, entre Juegos Olímpicos y Europeos, ganadas de 1996 a 2000 así lo corroboran. Parecía que a los jugadores de esta Selección tan laureada se les había pasado el arroz, con nueve hombres de más de 30 años Masip, Garralda y Dujsebaev ya estuvieron en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, pero en el Mundial de Portugal se encontraron ante la oportunidad de sus vidas. Tras un comienzo impecable, en 30 minutos tiraron la medalla.
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Me refiero a los 30 minutos de la segunda parte contra Croacia. No hay que abrir más la herida, tan profunda que ayer no había opción a la medalla de bronce. Tocados física y anímicamente, nuestros jugadores no estaban como para ganar a Francia. Y no porque cada vez que les toque jugar una final de consolación salgan con la moral disminuida, que por tal trance han pasado ya cuatro veces la de ayer era la quintay en tres salieron victoriosos. Pero es que con un esfuerzo de media hora más que los franceses, que son buenísimos además, y con cuatro horas menos de descanso, ganar hubiera sido titánico.
De todas maneras, a la vista de cómo se desarrollaba la competición, el bronce hubiera sabido a poco habiendo tenido tan cerca el título. Las claves: dos victorias, ante Yugoslavia e Islandia, que abrieron las puertas de la semifinal más fácil, sabiendo además que en la final esperaba Alemania más asequible que Francia, unos arbitrajes amables, una organización a nuestro favor detrás estaba Javier Murugarren cuyo locutor invitaba a animar a España, "nuestros hermanos" decía, y un gran equipo sin la presión de saberse favorito. Una pena, porque un tren como éste, lleno de oro, difícilmente se volverá a parar.
