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Murió Ricardo Zamora, nombre mítico del fútbol

Ricardo Zamora falleció anteanoche en Madrid. Durante su carrera futbolística militó en Salamanca, Atlético de Madrid, Málaga, Sabadell, Español, Mallorca y Valencia, con el que alcanzó dos títulos europeos.

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Ha muerto mi amigo Ricardo Zamora. Yo le tomaba el pelo y él se reía. El hijo de un dios tiene que ser como Castor o Pólux o Hércules. Por su aspecto y fortaleza este último era el que más le cuadraba. "Pero no me condenes a hacer los mismos trabajos, sobre todo el de limpiar los establos de Augías, que se me estropeará la ropa". Y se reía con carcajada fuerte, franca y contagiosa. Conocí a Ricardo Zamora en 1950. Los peques del cole habíamos acudido a animar a nuestro equipo: ¡pi-lar, pi-lar! y el gigantesco número nueve marcó el gol de la victoria. Don Serafín Arrieta nos espetó: "Su compañero Zamora es hijo del mejor portero del mundo". No dije nada, pero me pareció una incongruencia que nuestro delantero centro fuese hijo del mejor guardameta. Así es la lógica de los niños. Al final del partido nos acercamos en masa a felicitarle y Zamora me revolvió el pelo con la mano.

Un par de años después le vi debutar en el Metropolitano contra el Valencia. Jugaba de portero con Ben Barek, Carlsson, Silva, Escudero, Miguel... Yo presumí que era de mi cole. Luego seguí su trayectoria por Málaga, Sabadell, Español, el primer ascenso del Mallorca a la división de honor y sus triunfos con el Valencia en la Copa de Ferias. Zamora era digno hijo de su padre y se desenvolvía con acierto entre los palos de su meta.

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Pasaron los años y un día le pedí que me prologase mi primer libro. Las tres páginas que me dedicó son lo mejor del mismo. Nos hicimos amigos. De vez en cuando nos encontrábamos para compartir mesa y mantel o tomarnos unas copas. Hablábamos de un fútbol que nunca habíamos visto. De Amberes y Colombes, de Saprissa y Portas, de Samitier, de Ciriaco y Quincoces. De vez en cuando un relámpago nos traía el nombre de Ángel Bolao o de Roberto Gil, grandes futbolistas y amigos, pero volvíamos a la antigüedad. En su casita de Rivas, después de preparar la cena de su hija Marta y desearle las buenas noches, ojeábamos las fotos sepia de su padre, El Divino. Tienes que hacer la biografía de mi padre. No, Ricardo, le contestaba, la haremos a medias. Y, ahora, tendré que hacerla yo solo. En ocasiones nos enfrascábamos en las ventajas e inconvenientes de llevar el mismo nombre que nuestros respectivos progenitores. "Honra merece quien a los suyos parece", aunque no tengamos su categoría debemos ser dignos de su nombre. Creo que en el caso de Ricardo así lo ha hecho hasta el fin de sus días.

Hace tres semanas hablamos para concretar su aparición en la película del Centenario del Atlético. Le hacía gran ilusión recordar su etapa como rojiblanco e hijo del entrenador que logró los dos primeros títulos ligueros del Club. El día de la grabación se disculpó por no poder acudir a la misma... Se fue para siempre mi amigo Ricardo, con su carcajada fuerte, franca, contagiosa.

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