El bronce será tan caro como el oro
Ha llegado la hora. España tiene el podio en el Mundial de balonmano a tiro de una sola victoria. Ganando a Croacia, campeones o subcampeones; perdiendo con Croacia, medalla de bronce a cara o cruz con un rival que nos costaría ganar exactamente lo mismo que si nos enfrentáramos a él en la final: Francia o Alemania. Puestos a ello, mejor que sea en la final. Para eso tenemos que ganar a Croacia, que es posible. Un sabio del balonmano como es Valero Rivera dio cinco favoritos antes de que comenzara el Mundial y en su pronóstico no figuraban los croatas. Eso es buena señal.
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Croacia no es mucho mejor que Yugoslavia, y a ésta ya la ganamos en la primera fase. El buen nivel del balonmano croata tiene mérito, porque se quedó con la mitad de los jugadores buenos después de la nueva ordenación del territorio tras la guerra de los Balcanes. Aún así fue medalla de bronce en el Europeo de 1994, subcampeona mundial en 1995 y campeona olímpica en 1996. Pero ahí acabó su palmarés. Desde entonces hasta ahora, ninguna medalla por tres de España, dos en Europeos (1998 y 2000) y una en Juegos Olímpicos (2000), competiciones del mismo nivel que los Mundiales.
O sea que respeto al rival, todo el del mundo, que ha sido capaz de ganar en este Mundial a selecciones temibles, como Francia y Rusia, aunque también perdió contra Argentina. Pero miedo o complejo de inferioridad, ninguno. El tope de España en este Mundial ya sólo ha de estar en la final, y si nuestros jugadores celebraron la victoria ante Islandia como si del título se tratara, su alborozo no se debió a ser semifinalistas, sino a que el primer objetivo se había cumplido: la clasificación para los Juegos de Atenas 04. Una vez conseguido, van a por el segundo: la medalla. El tercero sería el título.
