Alonso, un asturiano en la cuna de Churchill
AS pasó una jornada con el español en su casa de Oxford, un apartamento de dos habitaciones en las afueras de la ciudad, a sólo 28 kilómetros de la sede de Renault, y donde pasa 120 días al año
Oxford es quizá el último lugar donde uno se imagina que vive un piloto de Fórmula 1. Las calles del centro están tomadas por las bicicletas y los coches tienen prohibido el acceso. Sin contaminación ni excesivo ruido. Puro sabor británico y tradición acuñadas desde el siglo XII. La exclusiva localidad donde paseó Churchill y tienen su residencia de verano Mr Bean (Rowan Atkinson) y Jeremy Irons es también la ciudad de Fernando Alonso, una futura estrella de la F-1 que camina por sus calles de incógnito.
AS pasó un día en la vida inglesa de Alonso, su auténtica residencia, en la que está durante 120 días al año. En Oviedo, a su pesar, sólo puede pasar 40. El resto son viajes. El ovetense lleva una vida mucho más sencilla que lo que dictan los tópicos, se paga él su apartamento, a 900 euros al mes, y se limpia él mismo la casa. Aspirador y escoba en mano. Y no sale mucho, "apenas conozco el centro", cuenta.
De la casa al gimnasio y de ahí a la sede del equipo en Enstone, a sólo 28 kilómetros. Sin más amigos que Luca, un italiano del departamento de relaciones públicas de Renault, con el que sale a cenar de vez en cuando, y las visitas periódicas de su familia y novia. Internet a tope para estar en contacto con los suyos y visitas de vez en cuando a las tiendas de electrónica y discos: "En Inglaterra son una pasada".
Lleva en la ciudad universitaria casi dos años y justo el día de nuestra visita se cambiaba de casa. Dejaba un apartamento típicamente británico, es decir enmoquetado, en pleno centro de Oxford y se trasladaba a otro en un suburbio de lujo, The Waterway. Coxs Ground es el nombre de la calle. Y la casa, todo luz. Paredes en blanco, muebles de Ikea repartidos en un amplio salón (con dos sofás) y dos dormitorios. Dos baños, 90 metros cuadrados. Una tele de 14 pulgadas, equipo compacto de música de habitación de adolescente, Play Station 2, ordenador y paredes vacías: "Ahora tengo que llenarlas con cuadros", comenta, "pero aquí estoy de verdad a gusto, es muy moderno, justo lo que yo quería".
El equipo le ofreció varias opciones de viviendas y se encargó de decorárselo según sus directrices. Jarno Trulli también vive cerca de Oxford y Fernando estuvo hace poco durmiendo en su casa ("se lo debía, porque él estuvo en la mía"). La relación es, de momento, óptima. Los dos comparten el italiano.
El equipo prefiere tener a sus pilotos cerca de la sede inglesa, la antigua de Benetton, donde 420 empleados se encargan de crear y construir el chasis. Los 260 empleados restantes trabajan en Francia, en Viry-Chatillon, y se ocupan del motor.
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Pero volvamos a la flema británica. Alonso, que se machaca físicamente dos horas al día, es la alegría de la huerta cada vez que aparece por la sede del equipo, donde el silencio y la extrema limpieza son las notas predominantes. Ni siquiera a la temprana hora de la comida (suele hacerla allí) las conversaciones de los empleados no van mucho más allá del susurro. Un amplio buffet con pasta, ensaladas y carne con salsas. Eso sí, Fernando no es como con sus amigos, ni se arranca imitando a Bisbal o a su jefe, Flavio Briatore.
La jornada acaba a las ocho de la noche. Alonso se prepara un plato de pasta mientras Hillary Clinton, que estudia en Oxford, descorcha una botella de Dom Perignon con su novio en la puerta oeste de la ciudad. Así es el glamour de la Fórmula 1.