Copa del Rey | Mallorca 4 - Real Madrid 0

Humillación

El Mallorca se clasifica brillantemente a costa de ridiculizar al Real Madrid, impotente, apático e incapaz de plantar cara.

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El Mallorca se ha clasificado para las semifinales de la Copa del Rey después de un partido brillantísimo en el que humilló a un Real Madrid patético, indolente, que dio pena primero y vergüenza después, un equipo que debe agradecer que le cayeran sólo cuatro, porque pudieron ser diez; al menos así alguno hubiera entrado en la Historia.

Es imposible no mirar a Del Bosque, no hacerle culpable de lo ocurrido por jugarse la eliminatoria sin todas las estrellas; muchos entienden eso como un desprecio a la Copa, incluso al Madrid. Sin embargo, Del Bosque, más allá de planteamientos tácticos erróneos (o inexistentes), no es responsable de la inaceptable actitud de muchos de sus futbolistas, amanerados, incapaces de perder con gloria, de dejarse la vida, incapaces no ya de morir matando, sino de morir corriendo; uno debe estar a la altura de las pasiones que genera y partidos como el de ayer hay que terminarlos con la camiseta destrozada y el honor por el estilo.

Para ser justos hay que recordar que el Mallorca marcó en el minuto siete y eso allanó su camino; también le permitió explotar todas sus cualidades: la velocidad, el desmarque, Etoo, Ibagaza. Pero ese primer gol no fue otra cosa que un adelanto de lo que ocurrió después: Niño cabeceó un córner totalmente solo (Helguera y César, a por setas). Es imposible imaginar una defensa con menos tensión.

Otra aclaración: de los once titulares alineados (más bien alienados), sólo Celades y McManaman eran bultos, no ya sospechosos sino confesos; ya no engañan a nadie. Quitando a Cambiasso, César y Pavón (titulares muchas veces y ayer igualmente horribles), el resto de suplentes sobre el campo eran Raúl Bravo, Miñambres y Portillo. El primero es titular de la selección española y el último el ariete del futuro. O no son tan buenos como creemos o están verdes, con lo cual no son tan buenos como creemos.

También jugaron Raúl y Zidane, este último víctima en el descanso de un cambio surrealista, a no ser que le hubieran pegado un tiro que no vimos (entró Solari en su lugar). Pero nadie hizo nada, ni esas estrellas, primero por falta de pasión y luego por eso y porque el Mallorca se exhibió a la contra ante un pelele incapaz de buscar soluciones ni en el banquillo ni en el orgullo. El Madrid salió al campo a ver qué pasaba, sin un plan, y no lo tuvo jamás. Y eso es triste, oigan. Ronaldo, que necesita partidos, no descanso, estaba en Madrid, igual que Roberto Carlos.

Riera por la izquierda, Novo por la derecha, Ibagaza entre líneas y Etoo arriba ridiculizaron al Real Madrid una y otra vez, hasta rozar el bochorno. Y este Mallorca no es un equipo sorpresa: es el mismo que perdió 1-5 en la Liga, claro que entonces el Madrid no hizo experimentos (marcaron dos goles Ronaldo y Raúl y otro más Guti).

La primera parte terminó 3-0 y en la segunda la tónica (más bien gin-tonic) siguió igual: el Mallorca pillando al Madrid a la contra. Así llegó el gol de Pandiani, el 4-0. Y así pudieron llegar cuatro más en botas de Riera (un larguero) y de todo el que pasaba por allí, aprovechándose de una defensa que no muerde, que no da patadas, que no intimida, que no sabe colocarse, que sólo hace una cosa bien: mirar.

Con todo perdido, en pleno naufragio, Raúl se pegó un palizón a correr, incluso tuvo una oportunidad que despejó Leo Franco; Raúl tiene una forma distinta de sentir la camiseta: la siente. Los demás fueron zombis, jugadores sin el valor suficiente para encarar, para intentar el desborde, siempre lo fácil, que regatee otro. Que no haya un suplente que reclame ahora una oportunidad, que se venda a todos los multimillonarios del banquillos, da igual que sean guapos.

El Mallorca tuvo de todo: entusiasmo, una idea, alma, buen fútbol, coraje; la calidad le viene de nacimiento a la mayor parte de ellos. También tuvo piedad. Sólo así se explica que perdonara una goleada inmisericorde. Es justo semifinalista, un candidato serio a la Copa, la tierra para quien la trabaja.

Del Bosque apostó fuerte y le ha costado carísimo: quiso creerse que en la plantilla del Madrid todos eran válidos, que todos tenían sitio. Ahora sabe que no es verdad. Pero es tarde. A veces se pierden más cosas que un partido. Se pierde la razón.

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Así fue el primer tanto

El primer gol ya fue un ejemplo de la apatía del Madrid durante todo el encuentro. Ibagaza sacó el córner y remató solo Niño. No se enteraron ni Helguera ni César y Miñambres, que estaba dentro de la portería, no pudo hacer nada por sacar el cabezazo.

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