De jefe de Prensa a hombre fuerte
Gerardo González Otero, licenciado en Ciencias de la Información, llevaba dieciocho años en la Federación Española de Fútbol, a la que llegó como jefe de Prensa, para acabar convertido en el todopoderoso secretario general de este organismo.

Gerardo González Otero ha prestado servicio a la Federación Española de Fútbol (FEF) durante casi 18 años. Primero, como jefe de Prensa; después, como director de Comunicación y, más tarde, como secretario general. Aterrizó en el número 13 de la calle Alberto Bosch en 1985, de la mano de Rafael Casas Arribas, con quien había trabajado en la Secretaria de Estado para el Turismo.
El fútbol español vivía momentos convulsos. El Partido Socialista se había sacado de la manga un Real Decreto para echar a Pablo Porta de la presidencia de la FEF, la cual ocupaba desde 1973. Se convocaron elecciones y éstas fueron ganadas por José Luis Roca, presidente de la Federación Aragonesa. Uno de los hombres de confianza de Roca era Casas, quien puso a Gerardo González al frente de la Jefatura de Prensa. Corría el año 1985 y los conflictos en aquella casa estaban a la orden del día. Roca, diputado del Partido Popular, tenía un talante poco democrático y no dudaba en vetar a todos aquellos periodistas que no le eran afines, lo cual no hacía sino entorpecer la labor de Gerardo González.
Tras evitar una moción de censura gracias a un empate a 195 votos, Roca agotó su mandato en 1988 y no se presentó a la reelección. Le sustituyó el entonces presidente de la Federación Vizcaína, Ángel Villar, quien tras unos titubeos iniciales confirmó en su cargo a Gerardo González. Pero seguían bajando agitadas las aguas federativas y Villar, para apaciguarlas, tuvo que despedir al secretario general, Agustín Domínguez, el hombre fuerte de la FEF durante el mandato de Roca y durante buena parte del mandato de Porta.
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La vacante de Domínguez no fue cubierta por nadie, pero Gerardo González, ascendido en 1990 a jefe de Comunicación, empezó a asumir muchas de las funciones que hasta entonces le correspondían al secretario general, de tal forma que se hizo imprescindible para Villar y consiguió que éste, dos años más tarde, le nombrara para el cargo.
Gerardo González no sólo ha sido en todo este tiempo el hombre de confianza de Villar, sino que ha ejercido desde la sombra buenas dosis de poder aprovechando las continuas ausencias del presidente debido a sus obligaciones como directivo de la FIFA y de la UEFA. Únicamente ha habido otra persona que ha ejercido tanto o más poder oculto que él: el vicepresidente Juan Padrón, a quien Villar le ha entregado su cabeza.