Un gallo altera el descanso de la selección de Dinamarca
El gallo cada mañana cantaba a la hora de los maitines, en el momento de amanecer y los daneses no dormían lo suficiente
Durante cuatro días los jugadores de Dinamarca estuvieron persiguiendo a un gallo de corral que mandaba en un gallinero pegado a su hotel en la sede de San Joan de Madeira. El caso es que el gallo cada mañana cantaba a la hora de los maitines, en el momento de amanecer y, claro, los daneses no dormían lo suficiente. Escotaron para comprar al cantarín e incluso hablaron con la dirección del hotel para que les eliminara el despertador.
No hubo suerte. El dueño del corral no abría la puerta pese a los intentos de la relaciones pública del hotel de llegar a un acuerdo amistoso para merendarse al gallo, pagando claro.
Cincuenta euros, cien euros, doscientos... Nada. Que el gallo no tiene precio, que no está en venta de ningún modo, que no sólo canta, sino que con su trino tiene a las gallinas ponedoras siempre cumpliendo. Testarudez a la portuguesa.
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En el momento de desesperación, los daneses recibieron un regalo inesperado: como la televisión propia había transmitido la noticia a su país, una empresa local les envió un paquete urgente con unos tapones de oídos para dormir a pierna suelta.
Moraleja: el gallo se ha salvado, las ponedoras siguen fieles a su cita con el nidal y la empresa ha encontrado un excelente trampolín publicitario para esposas de roncadores.
