El Mundial es más fácil que el Europeo
Ganar el Mundial de balonmano no es más difícil que ganar el Europeo. Esa es la ventaja que tenemos en este deporte respecto a otros. En fútbol un Mundial es palabra mayor, porque siempre está Brasil; en baloncesto, no digamos con Estados Unidos, aunque el año pasado se despistara; en atletismo, no hay manera de meter mano a los africanos; en natación hay un australiano, Thorpe para más señas, que cualquier día gana todas las pruebas. En balonmano, en cambio, no hay selección fuera de Europa capaz de subir al podio. Al menos esto lleva sucediendo desde 1938.
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Con esto no quiero decir que vayamos a ganar el Mundial, para nada, pero sí que si hemos sido capaces de ganar dos medallas de plata y una de bronce desde que se inventó el Europeo en 1994, no sé porqué razón no vamos a poder ganar medalla en un Mundial. Éste, si se quiere, es más fácil. Como tienen que entrar selecciones de todos los continentes, hay rivales que suenan a risa. Verbigracia de este Mundial: Túnez, Kuwait, Marruecos y, hoy, Qatar. Rivales de la primera fase en el Europeo del año pasado: Islandia, Eslovenia y Suiza. Y de la segunda fase: Alemania, Francia y Yugoslavia.
Es evidente que sobran las comparaciones. Pasar la segunda fase de un Europeo es tan peliagudo que el año pasado nos quedamos fuera. Pasar la segunda fase de este Mundial sólo depende de ganar a Islandia. Un chollo. Y es que el mejor balonmano del mundo está en Europa. La pena es que nunca celebremos un Mundial en España, que eso siempre ayudaría a subir al podio. En Alemania (cinco veces) y Suecia (tres) están hartos de organizarlos. Ya, hasta en Portugal. Y aquí, mientras, sin enterarnos. Una pena, porque a lo mejor éste era el año bueno y hemos dejado pasar el tren.
