Agassi gana un Slam y una riña de Steffi
"Ella es la jefa y decidirá si juega conmigo en el Roland Garros"

Sólo en el Corazón de las Tinieblas del Coronel Kurtz, o en la ratonera de Stalingrado se recuerdan alemanes tan abandonados a su suerte como el pobre Rainer Schuettler en el Rod Laver Arena, ante 15.000 adoradores de Andre Agassi. El sacrificio tenía que consumarse. Agassi maneja la raqueta como un puñal. Y la suma sacerdotisa, la diosa del martirio de Schuettler era alemana: Steffi Graf. La jefa.
En este escenario, la cruel ironía es el significado en alemán de la palabra Schuettler: una cosa así como demoledor. El demoledor demolido.
En tres minutos, Agassi se puso 2-0. Ganó los ocho primeros puntos. En 3-0, Schuettler reptó bajo el bombardeo de Agassi, hasta el rellano del 3-2. Y ahí acabó el juego de Andre, Herr Graf, con el cortito alemán: 6-2 en 29 minutos, primer set. Visto eso, servidor se fue a desayunar a un bareto, acompañado de su perra, a la que fascina la carne de caballo. Al final del desayuno, 20 minutillos, quedaba menos de un set: demolición.
Andre firmó su octavo título del Slam, cuarto en Australia. Sólo Rosewall y Gimeno ganaron Slams con más edad. Luego, Agassi puso la cara del marido que ha invitado a gente a cenar sin consultar a la señora: parece que a Steffi no le ha hecho gracia la publicación de su participación en el mixto de Roland Garros junto a su esposo.
"La jefa es ella. Y la responsabilidad, mía", balbuceó Agassi, titubeante, en el Discurso de la Corona. Dio las gracias a casi todos... menos a Steffi, cuerpazo narigón que lo miraba con jeta de jefa. "Saluda a tu mujer", dijo un chusco. "¿Te digo yo algo de la tuya?", replicó Andre. Su preparador, Gil Reyes, dice que le quedan "dos o tres años". Será si la jefa lo consiente, claro.
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Andre: "Aún está lejos el momento de retirarme"
"Aún está lejos el momento de retirarme. Para ser sinceros, puedo vivir sin la competición y también sin trabajar duro pero no puedo seguir sin saber que tengo que afrontar un nuevo reto: eso me empuja a continuar en el circuito. Hace un año, cuando conocí a Cahill, estaba a punto de abandonar. Intento imponer mi juego y cuando lo consigo de una manera tan fácil como ante Schuettler incluso me sorprendo a mi mismo. Había visto al alemán y me había dado cuenta que a él le molestaban los golpes de ataque. Ganar el Open de Australia es importante para mí porque le tengo un cariño especial y es una pena que no lo haya disputado en más ocasiones. En mi casa, la jefa es Steffi. Ella decidirá si juega o no Roland Garros, pero yo sí que me la he jugado".