La pizarra del suicidio
Piterman ha preparado un sistema rompepiernas 4-2-4 muy próximo al suicidio colectivo. En Pamplona encajaron tres, y cuando el Racing se enfrente a un equipo que toque la pelota le van a caer el doble. Básicamente los problemas son estos: no hay elaboración, o se defiende o se ataca, los futbolistas se convierten en atletas, dejan espacios enormes por la necesidad de desdoblar posiciones y atacan en arreones descabezados. Es decir, el presidente-fotógrafo-entrenador desprecia la primera lección: el orden y la administración del esfuerzo y de los espacios.
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En esta pizarra de ping-pong, Piterman intenta convertir en Supermanes a Diego Mateo, Juanma, Sietes, Regueiro y Lago. El primero de ellos, especialmente, se hizo ayer cien kilómetros apoyando a los cuatro de arriba y asistiendo a los cuatro de abajo. Y Juanma, el central, veía llegar a los volantes de Osasuna como proyectiles. El Racing está partido por la mitad y sólo se recompone cuando Sietes y Pineda se matan para cubrir las bandas. Parece bueno pedir desde el banquillo el máximo esfuerzo, pero no se puede reventar al futbolista si es para anularle las ideas.
Unas pinceladas positivas: el equipo tiene garra, presiona como un solo hombre y es agresivo en ataque. No se rinde. Piterman ha querido inventar la pólvora y se ha quedado en un petardo. ¿Sabrá lo que hace?