Yo digo Pedro P. San Martín

Bravo y el fusilero

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A Raúl Bravo le ha caído una responsabilidad muy perjudicial con el ‘caso Solari’. La justificación emanada del club de que sobra el argentino porque el canterano hace la misma tarea por cinco veces menos al año, se ha convertido en una bomba de relojería para el chaval. Ahora todos los juicios de valor sobre Bravo son por ejercicio de comparación con el Indiecito, y de ahí puede salir vapuleado por el público y la crítica. Tanto como para meterle una presión salvaje e indiscriminada que tienda a desviar sus valores emergentes hacia una espiral autodestructiva. Eso es lo que yo vi ayer en esta perla sin pulir, en este internacional de gran proyección: un hombre agobiado, preso de la ansiedad y tan enloquecido por hacerlo bien, que le salió todo bastante mal. Y Raúl Bravo no es así. Es un buen futbolista, con cuerpo, estilo y ambición. Válido para el Madrid con independencia de que Solari exista o no.

Quien no falla en este juicio sumarísimo que es la Copa para la cantera es el fusilero Portillo. Un muchacho sin complejos, un killer que no mira con quien comparte cartel. Ayer era el actor secundario a la sombra de Ronaldo y, mira por dónde, fue el iluminado que vio gol, que peleó, bajó a por el balón, tocó y animó el frío partido. Portigol es un aval de futuro, una garantía para partidos de cualquier calibre. No le amilana Ronaldo, ni Raúl ni, por supuesto, Morientes, al que ya ha borrado de la lista en el pulso de méritos. Un canterano valiente, con perfil de pícaro de barriada, consciente de que su instinto le hará de oro siempre que mantengala cabeza bien ordenada. Porti no es perfecto, pero su inteligencia natural le concede crédito para ser ariete en este Madrid. Es de los que no tienen precio.

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