Amigos de Pakistán
Oigo al ministro federal de las Áreas del Norte de Pakistán hablarnos mientras un buen número de periodistas y cámaras de televisión no paran de enfocarnos con sus objetivos, mientras pienso que quizás hayamos levantado unas expectativas demasiado importantes. Quizás sea poner demasiada responsabilidad sobre nuestros hombros, pero lo asumimos desde que empezamos a pensar en realizar una expedición invernal al Karakorum, hace más de dos años.
Noticias relacionadas
El gobierno de Musharraf está librando varias batallas importantes desde el fatídico once de septiembre y no es la menor la muy seria caída del turismo en la zona norte del país que amenaza con la ruina total a estas pobres gentes que se ganan la vida porteando para las expediciones y los trekkings. El conflicto con la India y la guerra en Afganistán, además de algunos atentados contra iglesias y extranjeros, ha provocado que de los 320 grupos que subían al Karakorum, se haya descendido el año pasado a poco más de veinte. La miseria se ha extendido por las aldeas del Baltistán que apenas han tenido, para sobrevivir, algo de agricultura y las ayudas donadas por los gobiernos de Europa y EE UU. Pero la situación no se puede mantener así por mucho tiempo. Es imprescindible que los alpinistas y excursionistas vuelvan a caminar por estos lugares y por eso nuestra expedición ha sido recibida con gran expectación. El ministro pakistaní nos ha pedido que contemos, a nuestra vuelta, que Pakistán es un lugar seguro, de buenas gentes, en el que se puede confiar. Y que pongamos todo nuestro empeño en subir a nuestra montaña ya que nunca antes nadie ha subido un ocho mil en invierno. "Vuestra gloria, será la gloria de Pakistán". Luego nos hemos puesto en marcha y ya estamos en Skardú, donde nos han recibido nuestros buenos amigos de tantas expediciones, haciendo frente al frío con unas pequeñas mantitas sobre los hombros.
He abrazado a Karim, cuyo padre murió ayer, en su aldea rodeada de nieves, como tantos otros pobres y callados hombres de esta tierra dura y agreste. Haciendo de tripas corazón, hemos seleccionado a treinta de los porteadores más fuertes de entre los muchos que han venido a buscar un puesto de trabajo. He oído a muchos amigos, sin pedir nada ni quejarse, decirme que llevan un año sin cobrar una rupia y se ha estremecido mi alma de encina, como diría Miguel Hernández. Después, hemos repartido el mismo equipo que llevamos nosotros entre los treinta baltíes y les he preguntado qué querían cobrar por llevar nuestra cargas por el Baltoro en lo más crudo del pleno invierno. Uno de ellos me ha dicho: "Sebastián, lo que tú quieras. Por lo que estáis haciendo en Hushé iríamos con vosotros sin cobrar nada". Nos hemos emocionado y luego nos hemos echado a reír. Les pagaremos el doble que en verano y sabemos que con esta gente iremos hasta el mismo infierno. Esta noche el termómetro en Skardú ha descendido a 10º bajo cero, y sólo estamos a 2.300 metros de altitud.
