Balonmano | España-Yugoslavia

España-Yugoslavia, la gran revancha

Los españoles le arrebataron en Sydney 2000 a los yugoslavos el bronce y en el Mundial de Francia fueron los balcánicos los que nos apearon del podio

Enrique Ojeda
Redacción de AS
Actualizado a

Si el deporte fuese matemáticas, el partido de esta tarde frente a Yugoslavia (21:30 La 2) en el Multiusos de Guimaraes no tendría atractivo más allá de jugarse en teoría las dos primeras plazas del grupo, porque este resultado no se arrastra para la segunda fase. Es decir, de cara a llegar a las semifinales de Lisboa, reflejo nulo. Pero lo cierto es que se trata del Partido, el que aguardan las dos selecciones desde que empezaron sus concentraciones en enero. Entre los jugadores de ambos bandos se mantiene una amistad y camaradería aparente, pero a poco que se exprime salta la chispa: entre españoles y yugoslavos siembre hay heridas abiertas y agravios que resolver. Por eso no es un encuentro más, y por eso es tan importante, porque está en juego el orgullo y la estima de las dos escuadras.

La historia señala un palmarés favorable para los yugoslavos (12 triunfos españoles por 25 derrotas), si bien en los últimos tiempos se han ido equilibrando las diferencias. En Sydney España ganó el bronce olímpico a costa de Yugoslavia, pero en el Mundial de Francia, hace dos años, Yugoslavia llegó a la semifinal (acabó tercera) a costa de España. Ese talante de partido a vida o muerte con que actúan los yugoslavos ante España quedó de manifiesto hace un año en el Europeo de Suecia: ya estaban eliminados, su juego había sido malo o ramplón, y España estaba bien pero necesitaba ganar para meterse en la lucha por las medallas. Pues ganó Yugoslavia (35-32) en su mejor partido del campeonato.

Para Masip, capitán de España, "la clave de hoy estará en las defensas. Cuando defiendes bien recuperas balones, el portero para mejor, tienes más facilidad de jugar al contragolpe. El resultado siempre depende de lo que hagas en defensa". Skrbic, capitán de la selección yugoslava, compañero de Masip en el Barcelona, prefiere llevar el terreno de los pronósticos por otros derroteros: "¿Y por qué no un empate? Sería bueno para los dos".

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Aunque ayer yugoslavos y españoles se saludaron por el vestíbulo del hotel que comparten, prefirieron rehuirse. Garralda y Jovanovic, que en el año y medio que llevan juntos en el Portland han hecho buenas migas, se tomaron la jornada distanciados. Mateo duda de lo que comenta su amigo: "Me dice que no están bien, que han llegado al Mundial con dudas, que no juegan bien, pero ya sabes como son, como para fiarte. Ven la palabra España, se ponen las pilas y van como motos".

Nedeljko, uno de los líderes de su país, también sonríe; nunca se sabe qué piensa un yugoslavo, qué estrategia está maquinando en el mismo momento que se encuentra con un rival directo. Los yugoslavos no juegan el partido sólo en los 60 minutos que están en la cancha; lo empiezan antes, mucho antes, metiendo esa presión que desespera al contrario.

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