El día del naufragio
Ferrero y Vivi Ruano, descontrolados, se quedaron sin opciones en el Open de Australia ante la clara superioridad de Wayne Ferreira y Justine Henin


Sólo queda un consuelo: al nivel que está jugando este Agassi, este Ferrero jamás habría llegado a la final del Grand Slam de Asia, el Pacífico y el atolón de Mururoa. Y antes del consuelo, el desconsuelo: Wayne Ferreira le atizó a Ferrero lo que se llama una paliza, cuya recompensa es ese duro honor de chocar con el tremendo Andre Agassi.
El partido y el Open se le escaparon a Ferrero por varias razones: gobierno del ritmo y el revés por parte de Ferreira, que ganó la iniciativa psicológica en los dos primeros sets al llegar a 2-2 desde sendos 2-0 para el Mosquito. Además, hubo un juego decisivo, el décimo del segundo set, en el que Ferrero, lleno de dudas, arruinó tres pelotas de set, con 5-4 y el saque en sus manos.
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Ferreira, que siempre juega bien en Melbourne, ejecutó implacablemente su plan: no dar ritmo de peloteo a Ferrero, bajarle, cortarle y subirle la bola ahora sí, ahora no. Ataque a los saques con espléndidos restos de revés. Tempo. Saber estar.
Ferrero opuso incomodidad y descontrol. Tras la derrota en la muerte súbita del primer set el 5-4 y 40-15 en el segundo fueron un rayo de esperanza que él mismo fundió con derechas enloquecidas. Con 6-6, Ferreira se escapó en el desempate (5-1). Ferrero remontó hasta 6-5... y ahí entregó el punto, el set, el partido y la cuchara: para Ferreira, la tercera manga fue un paseo. Para Ruano, todo el partido con Henin fue una tortura. Empezó ganando 2-0 y la elegante Henin respondió con un parcial asesino (11-1). No había más que hablar. Los próximos interlocutores de Ferreira y Henin serán Agassi y Venus. Hasta ahí llegaron...