El puño de Luis
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Una de las mayores cualidades que posee el Real Madrid galáctico es la de producir una fascinación como la de la serpiente. Gracias a unos sensacionales planos de Canal Plus, yo vi ayer a Luis Aragonés Suárez como nunca lo había visto antes: hundido en el fondo del banquillo, como ausente bajo los efectos de la fatiga del metal que ataca a los aviones oxidados. O como el pájaro vencido por la seducción de la gran serpiente blanca...
Los ojos que miraron la escuadra de Sepp Maier antes de marcar el castigo más sensacional en la historia del Atlético de Madrid se hundían tras las gafas y en el fondo del plumífero azul, detrás del desplome del Atlético. La historia de la familia de Luis es la historia de una vieja familia de izquierdas del viejo Hortaleza, del viejo Madrid proletario y currante que en buena medida dejó de existir un día de 1939. En el último pliegue de la barba hirsuta de Luis, atisba la misma mueca del Campesino o de Enrique Líster: los viejos generales rojos. Por eso, yo no podía aguantar el aturdimiento de Luis. Porque con la fatiga del metal llamado Luis, se irían al fondo un símbolo de la mejor memoria. Cuando el segundo penalti de Figo explotó en la nariz de Burgos, Luis se reanimó y, ahora sí, se pareció a Líster o al Campesino. Y en el minuto 95, vibrante, alzó el puño al cielo de Madrid. Como desde hace 40 años, Luis gritaba gol. Gritaba libertad.
