El portero que les dio una Copa del Rey
A Montjuïc no regresa un cualquiera. Es Toni, el portero de La Garriga, ese que no pasa desapercibido, ni en lo bueno ni en lo malo. Era el deseo de Clemente: ahí lo tiene.
Toni Jiménez posee la pinta y los andares de un personaje de cómic. De mandíbula prominente y sonrisa colgate, ha intentado siempre domar los rizos del cabello con una dosis de gomina. Esta práctica lo ha dotado de cierto aire de señorito andaluz mezclado con pijo madrileño, aunque quienes lo conocen bien aseguran que no es tan fiero el lobo como lo peinan.
De físico portentoso, había que ser ciego para no ver en Sarrià, en las primeras filas de la tribuna antigua, la que se apoyaba sobre la histórica carretera, a su madre desgañitándose en cada partido. Porque puede que Toni no sea muchas cosas, pero perico lo es desde el claustro materno. Pocos como él pueden decir que han mamado españolismo, lo que convierte este regreso en la vuelta del hijo pródigo, tras la mala vida que le dieron, a partes iguales, Jesús Gil y una final de Copa ante unos ex compañeros que todavía duele.
Porque será difícil que Toni, como el mejor de los pericos, olvide aquel gol de Tamudo, todo pillería, cuando le guindó el balón mientras lo botaba, la gloriosa noche de Mestalla. Leyenda o no, hay quien asegura que el portero no le ha perdonado todavía a Tamudo aquel gesto, como si creyera que se tratase de una traición. Es esa una definición de cómo se toma las cosas Toni cuando de competir se trata.
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Para su desgracia, las cosas le han ido de mal en peor desde que dejó el Espanyol, lo que podría establecer un curioso paralelismo con el equipo de sus amores, a excepción de aquel éxtasis copero. La tele, el ojo que todo lo observa y repite y repite, adelante y atrás, en cámara lenta y con zoom duplicador, encontró al portero zampándose algún que otro gol absurdo, como aquel en Murcia con el Atlético, cuando fue a buscar la pelota arriba, cerca de la escuadra, y de un manotazo la mandó adentro. El 'Gran Hermano' resulta un cabronazo para los porteros, sí, señor.
Pero Toni, a quien, como a los árbitros, siempre acompañan sus dos apellidos (nunca es Toni Jiménez, a secas, sino Toni Jiménez Sistachs), se ha repuesto de aquello y de casi todo. Incluso de una mala salida del Atlético, de no volver a Primera de la mano de Luis Aragonés, de quedar relegado en Segunda, en el Elche, aspirante al ascenso desde hace ya demasiado tiempo. Y ahora quiere una segunda oportunidad. El perico lo recibirá como se merece, con los brazos abiertos, con cariño. Al fin y al cabo, aquella Copa también se la debe un poco a él.