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Xerez: la ilusión por el fútbol no tiene precio

Pacheco y Oliver figuran en la historia negra del club, mientras en lo deportivo vive su mejor época a las órdenes de Schuster. Pero lo hace desde la incertidumbre de saber dónde entrenará (San Fernando, El Puerto, Sanlúcar...) La ilusión de sus jugadores y sus 7.000 socios por el fútbol no tiene precio.

Xerez: la ilusión por el fútbol no tiene precio
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Cuando Boskov dijo "fútbol es fútbol", no existía este compendio político-económico camuflado bajo la tapadera de un equipo de fútbol: el Xerez Club Deportivo. El club ha sido utilizado en la última década con las más variopintas finalidades lúdico-festivas por sus inquilinos. Hace siete años el Xerez, bandera del bienestar jerezano, se asomó a la Segunda, lo que sirvió para ganar votos y aumentar la cuota de popularidad del alcalde Pedro Pacheco. Este personaje presume de haber corrido el maratón de Nueva York en varias ocasiones. En todas, acompañado por ediles y secuaces que, casualmente, desfallecían en la recta final de la Gran Manzana ante el terrorífico rush final del alcalde. ¡Nadie puede con nuestro alcalde! Algunas empresas de la zona subvencionaban ¿desinteresadamente? la expedición a cambio de publicitar sus camisetas. Era cuando Pacheco presidía el Xerez de ‘A Primera con él’, su Xerez que jugaría siempre en Chapín, su estadio. Y por ello firmó un contrato que ligaba al club con Chapín hasta el 30 de junio de 2008.

Pese a que Jerez era la Ciudad del deporte, el Xerez descendió y el alcalde, embarcado en la secreta empresa de organizar en su ciudad el Mundial de Hípica, se aburrió de ceutas, polis y melillas y vendió el club. Lo hizo a Luis Oliver, anunciado como delfín de Asensio y destapado como tiburón financiero. Oliver subió al Xerez a Segunda sin fichar y su bolsillo lo agradeció. La popularidad del engominado dirigente preocupó al alcalde, que echó al Xerez de la ciudad con una excusa: "¡Organizaremos el Mundial de Hípica en Chapín!". Oliver hizo un fichaje de cara a la galería que le salió bien, Schuster, y se llevó al equipo a Sanlúcar, detrás de una gasolinera en la carretera nacional. El Xerez sólo se ausentó de los puestos de ascenso en tres jornadas, las tres últimas. Mientras, Pacheco presionó a Oliver para que vendiera el club. Y apareció José María Gil Silgado quién, por el módico precio de 600 kilos, relevó a Oliver.

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El alcalde exigió a Gil que quitara las demandas contra el Ayuntamiento, pero éste se negó y el desplante, con el Mundial hípico finalizado, condenó al Xerez a jugar en La Juventud, que se clausuró tras unos incidentes, lo que envió al Xerez a San Fernando.

El equipo regresó a Chapín hace 15 días con las taquillas y los derechos de televisión embargados para pagar al Paquete Higuera, Máximo Hernández y Viqueira. Pacheco no le deja explotar la publicidad (cosa que sí hará el Sevilla en su exilio), y le obliga a entrenar en el anexo "de día, para no gastar luz". Las elecciones municipales pueden acabar con esto. Mientras, 7.000 socios demuestran que, a veces, las menos, la ilusión por el fútbol no tiene precio. El Xerez es el ejemplo.

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