La Armada cumple
Victorias de los principales jugadores españoles (Ferrero, Moyá, Costa...), mientras Venus, Kournikova y el coreano Lee acaparan los primeros titulares


El poderío del tenis femenino se deja sentir en todo su esplendor cuando irrumpen los organismos apoteósicos, intimidadores que el mundo conoce como Venus y Serena Williams y el orgasmo ambulante que el mundo conoce como Anna Kournikova: entonces amanece el Planeta Venus.
Los tíos no resisten la comparación con la reluciente potencia de las Williams, que dan sensación de Ferraris de ébano bruñido. O con el espectacular calentón de la Kournikova, que da la impresión de estar a punto de asomarse, sin ropa, claro, a las páginas de Playboy. En sus cuerpazos de diosa reside la clave de que el tenis femenino barra del mercado al masculino.
En sus dos meses alejada de las pistas, Venus Williams ha asistido a la consumación del divorcio de sus padres y se ha alejado un pelín de su tremenda hermanaza Serena. Papá Richard quiere ser cantante. Mamá Oracene vive de sus campeonas. Serena quiere ser actriz.
Venus, cada día más líder de la familia, ha fundado en Florida su propia empresa de decoración de interiores, Venus Ebony Starr Interiors. Pero, olvidada su relación con un guardaespaldas italiano, de Roma, no ha olvidado el tenis: y ha trabajado para que su servicio sea "una máquina, un rifle de precisión"... con el que dar caza a la musculatura de Serena. Algo así como Cassius Clay contra su hermano...
Ayer debutó Venus, acaparando los titulares del New York Times, por ejemplo. Y barrió a una joven rusa de 17 años, Svetlana Kuznetzova, una más de tantas Kournikovas o Lolitas rusas en proyecto. Y falta el arma secreta de Kazajstán que Nick Bollettieri esconde en Florida: Simonya Popova: como Kournikova, pero con ojos verdes... y 1.85: más que un cañón.
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Y en pleno Planeta Venus, hizo eclosión el bombón. Kournikova parecía un Magnum blanco o un sorbete al cava con su modelito nuevo, entre pancartas de admiradores rendidos. Le pegó una paliza a Nagyova, su primera victoria en un Grand Slam en los dos últimos años. Si ahora el bombón ruso es capaz de ganar a Henin, ya sería el milagro de Melbourne.
Perdió Conchita, sometida a los rigores de un partido largo. Capriati, gordita y sin entrenar, se va a Florida: allí no hay controles de sangre. Llega Hewitt. A la espera de lo que pase entre Feliciano y Corretja, los jefes de la Armada, Ferrero y Moyá, se portaron bien. Y llegamos a Corea: David Ferrer cayó ante Hyung Taik, la Sombra del Diablo y la pesadilla de Ferrero. El coreano mete miedo. Choca ahora con Agassi. A ver qué dice Bush.