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Babangida, marcado por las desgracias

Miguel Álvarez esconde sus armas. El entrenador del Terrassa no ha descubierto aún si Babangida va a ser titular. Pase lo que pase, este nigeriano será la atracción. Marcó en la ida y jamás jugó en Madrid. Criado en el Barça, ha crecido con las desgracias familiares.

Babangida, marcado por las desgracias
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Haruna se llama, Baba le apodan. Este menudo (1,66 m) nigeriano de 20 años dejó un buen día de ser tan sólo el hermano de Tijani (crack efervescente del Ajax de los 90) para convertirse en un prometedor virguero de solera para el fútbol catalán. Aterrizó en el Barcelona en 1996, huérfano de madre, fallecida cuando él era un bebé. Le costó aclimatarse, pero lo peor estaba por llegar. Su padre murió al poco, y todo hacía presagiar su retorno a Amsterdam con Tijani.

Su velocidad y el boom mediático que provocó le obligaron a quedarse. No tenía opción. Babangida estaba destinado a ser el revulsivo de una cantera prolífica en cuatros aunque carente de algo distinto, y este pequeño nigeriano se lo daba. Así nacía la Generación Baba, que tenía en nómina a los Nano, Ferrón, Trashorras, Bermudo, Motta, Iniesta, Reina, Arteta... Juntos no consiguieron mantener al Barcelona B en Segunda A.

Las desgracias en la familia Babangida parecen no tener fin. El año pasado, mientras el Barça B se exhibía en Anoeta (0-6 a la Real Sociedad), Baba volaba rumbo a su país para enterrar a su hermana. La misma que había ejercido de madre desde que él mamaba el chupete. Mamá, papá y hermana: todo ha contribuido a que este futbolista sea un tipo curtido y muy seguro de sí mismo. En todos los vestuarios en los que ha estado se ha convertido en el más extrovertido de los compañeros, en el bromista, el que ríe cuando el grupo lo necesita, y el profesional íntegro cuando la situación lo requiere.

Speedy Baba vivió en La Masía, y era el primero en cantar villancicos con Mussons y Núñez. Compartió litera con Fernando. Este leonés era un chaval que apuntaba alto. Con lágrimas en los ojos debieron despedirse: dicen que Fernando no podía con Serra Ferrer, ni al revés. Marchó a Ponferrada y Baba pensó que no le vería más. Pasaron a mandarse mensajes con el móvil. Curiosidades de la vida, Fernando y él coinciden ahora en el Terrassa, con el ánimo de darle en los morros a los que no confiaron en ellos en el Mini Estadi.

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La cesión del nigeriano al Terrassa se convirtió en el culebrón del pasado verano. Le dolió que pensaran que no quería marcharse por el dinero. No era así. Baba sólo quería agarrarse a un sueño que se le iba.

Al final comprendió que no estaba en condiciones de dejar escapar el tren del fútbol profesional. Y, al fin de cuentas, sólo tenía que coger su Audi TT y hacerlo correr unos 40 kilómetros ("no es Fittipaldi", cuenta un amigo suyo").

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