El chino ese
Esto, lo de Ferrero, son cosas que suelen ocurrir con los chinos y sus primos tailandeses, japoneses, vietnamitas y coreanos: de tiempo en tiempo se entretienen en masacrar a Perico Fernández, a los franceses en Dien Bien Phu. O a los americanos en Saigón, Pearl Harbor y al lado del Paralelo 38. O a Ferrero en Sydney. O a la selección italiana de fútbol, en el Mundial de 1966.
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Esta es raza de gente hábil, tan de culo bajo y gemelos fuertes, como constante e inaccesible al desaliento. Sus líderes son Mao Tsé-tung, Ho Chi-Minh o Kim Jong II, el intrépido presidente norcoreano que amenaza con declarar la guerra nuclear a los EE UU de George W. Bush. Tienen un problema: que al día le sacan 24 horas de trabajo. Y que se las saben todas.
En los Juegos de Sydney, decenas de ávidos periodistas de ojos rasgados dejaban sin croissants congelados a los occidentales, que perdían el desayuno mientras se rascaban las legañas. Y en esos Juegos, Hyung-Taik Lee se aprendió de memoria el juego de Ferrero, que obtuvo una victoria dificilísima (6-7, 7-6, 7-5). Ayer, Hyung-Taik, gemelos fuertes y raqueta endemoniada, demostró que el imperialismo también puede ser un tigre de papel. Y, tras haber liquidado a Ferrero, "el chino éste" se enfrenta en primera ronda del Open de Australia a David Ferrer. Aquí hace falta Juan de Austria. O George W. Bush.
