Internacional | Dopaje

400 muertes bajo sospecha en el Calcio

El fiscal de Turín ha abierto ya 70 causas por "homicidio involuntario". El mal de Gehrig se multiplica por trece en el caso de los futbolistas

<b>SIGNORINI ES LA ÚLTIMA VÍCTIMA</b>. Gianluca Signorini, ex jugador del Genoa y del Parma falleció a los 42 años víctima de la esclerosis lateral hemiotrófica (o mal de Gehrig) el pasado 6 de noviembre cuando sólo tenía 42 años y después de varios años peleando contra la enfermedad.
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El fútbol se estremece con las revelaciones de la investigación ordenada por el fiscal de Turín, Raffale Guariniello. El caso, conocido como el de las viudas del Calcio, ha encendido todas las alarmas en el mundo del deporte. Al menos 400 futbolistas de las Series A y B italianas desde 1960 hasta 1996 han muerto de forma prematura. 70 de ellos lo han hecho por tres causas: cáncer, esclerosis lateral amiotrófica (ELA, también llamada mal de Gehrig) o leucemia. Entre las posibles causas parecen no existir dudas: el dopaje sistemático en el Calcio.

"Pensando en encontrar sólo casos aislados", según el propio Guariniello, la investigación reunió información sobre los 24.000 futbolistas de las series A y B en esos 36 años. Y los resultados asustan. El índice de cáncer entre los jugadores del Calcio es dos veces más alto que entre la población normal.

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En cuanto a la ELA, debería haberse encontrado un solo caso entre 24.000 personas. En cambio, trece jugadores han fallecido como consecuencia de esta enfermedad y más de treinta la sufren actualmente. Así, Guariniello ha definido a la ELA como "una enfermedad de futbolista". En el ciclismo, por ejemplo, se hizo un estudio sobre 6.000 profesionales sin detectarse un caso.

De momento, la fiscalía de Turín ha abierto ya setenta causas por homicidio involuntario. Podrían encontrarlo en los propios clubes gracias a testimonios como el de Carlo Petrini, futbolista del Roma en la década de los setenta. Según el ex jugador giallorosso, "con lo que nos daban éramos capaces de correr sin parar durante los noventa minutos, aunque a eso de las cuatro de la mañana nos entraba un bajón que nos dejaba muertos. Da miedo pensar en lo que nos estaban metiendo".

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