Yo digo Alejandro Delmás

Yaz, el Príncipe del Pensamiento

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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El Príncipe del pensamiento no ha nacido en un palacio renacentista de Florencia o Venecia. No ha tomado café en las tardes de París. No le gustan los Ferraris, pero ha sabido del rastro ominoso de la necesidad y mucho más tarde, en Turín, conoció, en plena selva del Calcio, a uno de los hombres más listos del planeta, el Avvocato Giovanni Agnelli: el profesor de Dios. Hace mucho, poco después de la II Guerra Mundial, sus abuelos desembarcaron desde la Casbah argelina desde un ferry atestado de "mélons", los inmigrantes de Argel que se buscaban la vida en la metrópoli antes de que De Gaulle dijese que Argelia no era más francesa....

El Príncipe del pensamiento permanece fiel a sus raíces. Por eso le gusta que le sigan llamando "Yaz", como sus abuelos argelinos. Prefiere cenar temprano con su señora mientras observa cómo crecen Enzo o Luca Zidane: eso es lo mejor que tiene la vida. Verónique le regaló ese colgante de oro incrustado con las iniciales Yaz, del que jamás se separa. A veces, con esa tonsura, Yaz parece un hombre de iglesia. Si hubiera nacido en San Petersburgo, quizá se llamase Nureyev... Vi por primera vez a Zidane, Yaz, el Príncipe del pensamiento, el César Borgia del fútbol de hoy, en aquella eliminatoria UEFA Betis-Girondins, la de su golazo sobrenatural a Jaro en Heliópolis: 1995. Tres años después, en 1998, en el sprint final de una Juventus campeona de Italia, ya era otro jugador: el Calcio y la vecindad de la casa Agnelli y Marcello Lippi le habían redimensionado como jugador.

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