La felicidad de Roberto
Vimos ayer a un Madrid enchufado a la Liga como nunca esta temporada en el Bernabéu. Entregado y vivo, serio y efectivo. Y entre tan alto voltaje asomó la cabeza el mejor Roberto Carlos. El lateral vibrante de siempre, rompedor, cargado de fútbol, arrollador en potencia y velocidad. El 3 sobrehumano, capaz de astillar la escuadra de un zapatazo y, con el mismísimo pie, acariciar el balón en un simpar cambio de juego. Hacía tiempo que Robertinho andaba al setenta por ciento. Con la exhibición ante el Valencia todo apunta a que ha vuelto a meter la quinta velocidad, dispuesto a deleitar al amante del buen fútbol.
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Me fijé todo el partido en los gestos de Roberto Carlos. Básicamente estaba feliz. Ese es su secreto: disfruta con el toque, sonríe cuando Palop le intercepta un bombazo, da la mano cariñosamente a Albelda perdonándole una entrada de escalofrío, pone calma en los tumultos y se deja la piel en cruces espectaculares sin dar una mala patada. Ayer sólo le faltó el gol para tocar la perfección.
Y con Roberto, es justo destacar la batalla ganada por Helguera frente a Carew. El central sigue sumando pruebas para ser el indiscutible compañero de Hierro. Cuando está fuerte y seguro, aporta la mejor garantía posible a la defensa madridista. Ayer, la victoria tuvo unos pilares básicos en Roberto Carlos y Helguera.