ACB | Real Madrid

Un tetuaní de la escuela Ferrándiz

Lolo Sainz vuelve a tomar el timón del barco madridista. Recupera el cargo de director deportivo un hombre hecho como jugador en el Real Madrid, que ya en 1973 heredó el banquillo de manos de Pedro Ferrándiz. Ahora tendrá la responsabilidad de arreglar una sección de baloncesto devaluada, convirtiéndose quizá así en la penúltima bala del presidente Pérez.

Lolo Sainz, durante su etapa como jugador del Real Madrid.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

No debe chocar que el exorcista Lolo se meta de hoz y coz en otra hoguera, pues la vida del católico Manuel Sainz ha basculado entre entidades más o menos diabólicas de todo calibre: como Dino Meneghin, que capitaneaba aquella bestia negra de Varese. Como Drazen Petrovic, que machacó sistemáticamente al último gran Madrid de Lolo. O como Pedro Ferrándiz, cuyo banquillo y equipo heredó Sainz en 1975. Obviamente, no podía heredar ninguna otra cosa más. Tampoco es que le diera tiempo: fichó como ayudante de Ferrándiz en la temporada 1973-74.

Así que a nadie puede extrañar que el tetuaní Lolo, nacido en Tetuán, cuando en Marruecos aún se jugaban corridas de toros, se meta cada Domingo de Ramos bajo las andas de la procesión malagueña de La Pollinica, en expiación por sus contactos con seres tan de otros mundos.

Lolo es tan católico como su presidente Florentino. Tan blanco de cabello como el Real Madrid: esa mata de pelo canoso es uno de los grandes orgullos del nuevo director del baloncesto madridista. La palabra conservador quizá se hizo para Manuel Sainz.

Pero vean cómo la Providencia divina ya se ha manifestado en favor de Lolo: de momento, en la carrera por la dirección del basket blanco, Dios y Florentino le han permitido a Lolo tomarse un pequeño desquite sobre Sasha Djordjevic, quien en 1992 y con el Partizán, ajustició al Joventut de Sainz con un triple asesino en el último segundo de la final europea de Estambul. Es de las jugarretas simétricas típicas en el destino de Sainz: Petrovic martirizó al Real... hasta que terminó con la camiseta blanca a las órdenes de Lolo.

En 1976, perdió su primera final europea con el Girgi Varese, en Ginebra... pero en 1978, en la Basket Ball Halle de Múnich, destronó al campeonísimo transalpino. En el año 2000 se despidió de la Selección en pleno desastre de Sydney... sin haber firmado el debut de Pau Gasol. Algunos de sus jugadores le pusieron LoloDios.

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Pero Lolo tiene que saber bien de qué va esto: si tras compartir o dirigir vestuario con Ferrándiz, Emiliano, Brabender, Luyk, Corbalán, Cabrera y Fernando Martín, haber sido profesor de INEF y enfrentarse a las legiones infernales del Ignis-Girgi de Meneghin o la Cibona de los Petrovic, este hombre no arregla el asunto del Madrid, puede ser que Florentino haya gastado su penúltima bala.

Manuel Sainz tiene que estar muy seguro para haber dado este paso. El hombre que anotó la primera canasta en el Pabellón de la Ciudad Deportiva, tan católico, tan conservador y con tantas toneladas de experiencia, no se mete en una hoguera así como así. Sólo tiene sentido si es... el exorcista. Por cierto: Ferrándiz jamás hubiera sido profesor de INEF.

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