Williams: "Hubiera matado a... Perry"
Los gigantes del Maccabi rememoraron para AS el salto del Ogro en 1983 a la grada del Pabellón.

Earl Williams mira a Aulcie Perry con una expresión que a cualquiera produciría espanto: no precisamente a la torre Perry, de nombre judío Alisha Ben-Abraham, que se pasó cinco años encarcelado en una prisión federal neoyorquina por tráfico de heroína. El Ogro Williams suelta: "La gente sólo se acuerda del salto que yo dí sobre la valla del Pabellón del Real Madrid en busca del que me había atizado con la moneda y piensa que yo pude matar a alguien. No es verdad: quien estuvo a punto de matarse fui yo mismo... cuando éste (Perry) tiró de mí hacia abajo. En mi vida me habían zarandeado de esa manera..."
Los gigantes macabeos Williams (2.01) y Perry (2.10) rememoraron para AS la escena melodramática que ocurrió en el Pabellón de La Castellana el 17 de febrero de 1983, y que desembocó con Perry zarandeado por Williams... y el autor del monedazo en una carrera tan frenética como la de Forrest Gump, rumbo a la Plaza de Castilla.
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El gran Madrid acabó ganando aquel partido (95-92), pero en el Pabellón pudo desatarse un conflicto de orden público. "Si el que se lanza a por mí de ese modo no llega a ser Perry, mi mejor amigo, entonces sí que podía haberlo matado", confiesa Williams, en pleno flashback de recuerdos: "El monedazo fue tremendo, en plena sien, aunque hubiera hecho falta una moneda más dura para liquidarme. Vi al autor, y...". "Vi el gesto que puso Earl y supe que tenía que ir a por él. Earl había ido del Alvik sueco a Tel Aviv sólo porque yo le hablé de lo bien que se estaba en Israel siendo una figura del Maccabi", avisa Perry, quien reconoce sus culpas carcelarias de 1986: "Cuando me retiré del baloncesto tomé las peores decisiones de mi vida".
Los dos coinciden: "Aquella rivalidad Maccabi-Real produjo los partidos más competitivos de nuestra vida". Aulcie Perry reverencia a Jordan y a Drazen Petrovic y Williams asume que "nunca habrá nadie capaz de batir los récords de Wilt Chamberlain". Luego, en la pista, el doctor Corbalán lanzó a Biriukov, el socio de Emilio Aragón y, como casi siempre, ganó aquel Madrid.