Nuevo episodio del esperpento culé
Hace poco presenciamos un nuevo episodio del esperpento en el que se ha convertido el Barcelona y todo lo que le rodea.
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Por un lado, la suspensión del partido ante el Newcastle por la lluvia. Imposible obviar los interrogantes que la rodearon: el árbitro a las diez de la mañana ya sugiriendo que se iba a suspender; informaciones contradictorias sobre si la lluvia en Barcelona el día anterior fue tan abundante; la decisión de la suspensión no se toma, como sería lógico, a la hora del partido o unos minutos más tarde, previa comprobación in situ del estado del césped, sino más de una hora antes del comienzo; el directivo responsable del patrimonio del Barça, Francesc Pulido, declara que se hubiera podido jugar perfectamente... Todo desquiciante. Lo peor es que esto iba unido a la anunciada clausura del Camp Nou por dos partidos.
Sobre este tema del cierre, más preguntas y más sospechas aún. ¿Cómo se puede hacer pública una sanción casi a la 1 de la madrugada, cuando en los medios de comunicación de Madrid ya la conocen desde el día anterior? Creo que sin estridencias, sin revanchismos, sin histeria (como se hace todo en este club), los servicios jurídicos del Barça deben estar ahora muy pendientes de todo lo que ocurra en esos campos de Dios, por si es necesario apoyar al Comité presentando pruebas que le ayuden a tomar decisiones como la que ha tomado contra el Camp Nou. De todos modos, mi opinión para estos casos siempre ha sido la de imponer como sanción partidos a puerta cerrada, porque, a fin de cuentas, quien debe ser sancionado y perjudicado por lanzar objetos a un campo es precisamente el que las lanza; nadie más.