Falta ganar a Bobby Fischer
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La mascarada que acaban de perpetrar Kárpov y Kaspárov carece de sentido ante esta historia: en septiembre de 2001, el campeón inglés Nigel Short, afiliado al Internet Chess Club (ICC), recibió el mensaje cifrado de un desconocido anónimo que quería jugar con él... pero lejos de los mirones habituales online del ICC: para jugar con el Señor X dos partidas blitz o relámpago, a tres minutos de duración, Short tuvo que desregistrarse provisionalmente del ICC. La partida empezó con una locura de Mr. X, que avanzó todos los peones una casilla. "Pensé que era un timador", recuerda Short. El timador barrió al inglés de tal modo que hasta le añadía segundos al reloj para matarle por posición, no por tiempo. "Ahí me dije que eso sólo podía hacerlo Bobby Fischer", cuenta Short.
El inglés quiso salir de dudas y tecleó a su rival el nombre de Armando Acevedo, un ignoto ajedrecista mexicano. La respuesta fue "Siegen, 1970": ese año y en esa ciudad, Fischer había jugado contra Acevedo. Al día de hoy, Robert James Fischer, el genio judío de Chicago, de cociente intelectual un punto inferior al de Albert Einstein (184-185) vive tan proscrito como Hannibal Lecter. Se le ha atisbado en Budapest o Japón. En América le aguardan ocho años de cárcel por sedición. Pero Bobby es el verdadero campeón del mundo.
