Owen-Rooney, derby entre niños prodigio
Michael es la estrella del Liverpool, pero era hincha del Everton, y Wayne se entrenó primero con el eterno rival.


El Liverpool-Everton es el derby de Mersey, un duelo a muerte que siempre fue noticia, incluso cuando la ciudad tronaba con el guitarreo de los Beatles. El de hoy es el derby con más sabor de los últimos años. Lo es porque a ambos equipos les separa un solo punto (Everton, quinto, Liverpool, sexto) y porque en Anfield coincidirán por primera vez los niños prodigio de ambas aficiones: Michael Owen y Wayne Rooney.
Es éste un derby de vidas cruzadas. Owen juega en el Liverpool, pero es hincha declarado del eterno rival. Podríamos decir que no le quedó más remedio, puesto que su padre, Terry, jugó en el Everton (y en el Chester, donde nació Michael). Incluso la Prensa ha publicado una foto del 10 de los reds con el pantalón, la camiseta y las medias del enemigo. Un sacrilegio que no admite perdón en una ciudad en la que el río Mersey hace de trinchera futbolística.
Jugador revelación
Owen es, a sus 23 años, el alma de un Liverpool que ha perdido el rumbo en las últimas semanas, sumando cinco derrotas y un empate en seis partidos, su peor racha desde hace 19 años. Ha sido el jugador más joven en defender a Inglaterra en un Mundial (Francia-98) y es una promesa con aires de veterano. A él le corresponde dar el relevo a la nueva generación, liderada por Rooney, otro jugador que comenzó su aventura futbolística en casa del vecino.
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Rooney entrenó con el Liverpool antes de recalar en Goodison Park. Tiene 17 años y saltó a la fama con un gol a Seaman en octubre que puso fin a la racha del Arsenal de 10 meses sin perder en la Premier. No hay duda de que ese gol ha sido su mejor aval para conquistar el trofeo de la BBC al Jugador Revelación del año.
Rooney, a quien David Moyes no alineará de inicio ("pero jugará muchos minutos", dice), no es la primera vez que pisa el césped de Anfield. Ya lo hizo cuando tenía 11 años, aunque entonces nadie le conocía. Sobre todo porque saltó al campo como la mascota del Everton. Hoy no le hará falta ponerse ningún disfraz. Si acaso, el de lobo con piel de cordero. Para engañar a Owen.