La pesadilla de Kahn
Oliver, aún te duele lo que te hice en Yokohama?. Seguro que Ronaldo pensó exactamente esto cuando le dio la mano a ese tanque que se llama Kahn. Está fresca en el recuerdo aquella imagen del guardameta sentado en el poste, alicaído, humillado por la ratonería de Ronie en la final del Mundial. El gran icono de Alemania lloraba como un niño chico consciente de su fragilidad, mientras que Brasil bailaba samba con el penta bajo el brazo. Ocurrió hace menos de seis meses.
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Ayer volvieron a verse las caras, con Zidane como juez árbitro. Ronaldo: sonriente, dentudo, vendedor de imagen, ganador y triunfante. Kahn: cara de malas pulgas, metálico, desconfiado, satisfecho por el premio, pero escocido por ser otra vez el segundón de su verdugo. Una vez dijo el guardameta alemán que Raúl le provocaba estrés. No nos equivocamos si añadimos a su particular lista de bestias negras al universal Ronie. Le persigue en sus peores pesadillas y lo mismo esta noche le vuelve a hacer un roto.
Yen este duelo al sol de la FIFA, Zizou pone el encanto del niño bueno que no ha roto un plato. Su tercer puesto responde, mayormente, al zapatazo de Glasgow, que aún pone los pelos de punta al verlo repetido. El francés, además, tiene magia y clase para estar ahí y en todas las listas de honores del mundo. Ahora bien, en un día de épica madridista, de gloria del Centenario, hay un olvidado en esta terna de ganadores con nombre propio: Raúl González. El alma del Real Madrid.