Controles en casa a las siete de la mañana
La Agencia Mundial Antidopaje no respeta ni privacidad ni horarios

A las siete de la mañana del pasado sábado sonó la puerta en el domicilio de los Lombardi, en el barrio madrileño de Chueca. La mujer, Alicia, abrió la puerta y se encontró con dos médicos de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). Venían a hacerle un control de orina a su marido Giovanni, pero éste se encuentra en Suráfrica, entrenándose con su compañero Cipollini. Lo único que lograron fue darle un buen susto a su esposa.
José Luis Ruiz es uno de esos dos médicos que han estado visitando el domicilio de cuatro corredores este fin de semana. No pertenecen ni a la Federación Española de Ciclismo ni al CSD. Son contratados por el AMA (WADA, en terminología inglesa). No avisaron ni a estos organismos ni a los corredores. Todo se hace en secreto.
Una hora y pico después de visitar a Lombardi marcharon a Las Rozas, en la casa del ruso Pavel Tonkov, también casado con una madrileña (Daría). De éste no hay constancia de si pasó el control o siquiera le encontraron.
Ayer, sus objetivos eran dos ciclistas españoles, ambos de ibanesto, Paco Mancebo y Pablo Lastras. Pasaron primero por el domicilio de éste en San Martín de Valdeiglesias. Tampoco encontraron a Lastras, pues estaba en Ossa de Montiel, participando en la carrera que inauguraba el velódromo Óscar Sevilla.
Esta vez el susto se lo llevaron los padres, a los que sacaron de la cama. "Los tratan como a criminales. Pero la próxima vez ya sabemos a qué atenernos. No les abro como no traigan orden judicial. Creo que no tienen ningún derecho a venir aquí", dice Rosa, madre del ciclista.
Por fin los médicos del AMA lograron pillar a Mancebo, al que sorprendieron a las diez de la mañana, vestido de ciclista, preparado para salir a entrenar y frente a un café y unas tostadas.
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Paco Mancebo dudó si someterse o no al control antidoping e hizo unas consultas con su equipo y la Asociación de Ciclistas Profesionales (ACP). El consejo que recibió de ambos fue que se sometiera al control para evitar problemas.
El corredor tenía base jurídica para negarse a que le hicieran el análisis. Le apoyaban el derecho a la intimidad y a la inviolabilidad del domicilio. Pero eso no le iba a librar de un expediente disciplinario, de un posible positivo administrativo, y del consiguiente embrollo de recursos y apelaciones que tendrían que seguirse hasta que les dieran (o no) la razón.
