Yo digo Juan Mora

Controles groseros

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Que un médico llame a la puerta de tu casa un fin de semana a las siete de la mañana para pedirte un poco de orina tiene muchos calificativos. Puede ser una desconsideración, pero también, una grosería, una ordinariez, una zafiedad, que son sinónimos de descortesía si el hecho lo queremos calificar de una manera suave. A las siete de la mañana, un ciclista tiene todo el derecho del mundo a dormir hasta si quiere la resaca del sábado noche, que para eso estamos fuera de temporada. Y nadie tiene por qué saberlo. Y menos si se encuentra en su casa, sin meterse con nadie.

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Me alegro de que los médicos se fueran de vacío. La mujer de Lombardi les dijo que éste estaba en Suráfrica y los padres de Lastras, que su hijo se había ido a Ossa de Montiel. Lo único que faltó es que quisieran ver el dormitorio para comprobar si estaban o no. Que haya controles por sorpresa para combatir eficazmente el doping es muy correcto, pero llevarlos hasta el extremo que comentamos no parece ni medio bien. Bastaría con que los médicos se enteren de dónde están los ciclistas para pedirles discretamente la orina, que para saber qué hay en ella tampoco tienen que estar en ayunas.

En atletismo también hay controles por sorpresa, pero no llegan a estos extremos. Llaman por teléfono a los atletas y les dan una hora para pasar el control. Este año, José Luis Blanco recibió la llamada mientras estaba en la boda de un amigo e invitó a los médicos a que fueran hasta allí, como así hicieron. En otros deportes hacen los controles por sorpresa con mayor delicadeza o simplemente no los hacen. En fútbol, por ejemplo, los médicos sólo acuden a por la orina en los entrenamientos y en tenis, a ver quién es el guapo que logra superar a los guardaespaldas de Kournikova para solicitar un poquito de pipí.

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