Yo digo Pedro P. San Martín

Figo y Solari se lucieron y el Cuchu pinchó

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Aposté en la víspera del partido por Figo y Raúl. Y también volqué sobre Cambiasso la responsabilidad de agarrar la batuta y dirigir la orquesta. Acerté en lo primero. No encontré respuesta en lo segundo. Más todavía: fue Zidane quien se dejó el último aliento en la medular. El Cuchu anda inseguro y se le nota. No congenia con el balón y esto es pecado mortal para quien debe amansarlo y reconducirlo. Creimos verle crecer en el último partido, pero ayer se vino abajo y acabó en la ducha. Por contra, el milagro de la remontada se construyó sobre dos núcleos de esfuerzo: Figo y Solari, en el orden que prefieran. En el dominio de las bandas apareció la llave de la victoria. Del Bosque, que ayer llegó al límite de la sangre fría no sacando a Morientes o Portillo, encontró vida y esperanza con el Indiecito.

Me quedo con dos jugadas. La primera, aquella en la que Figo se fue de dos en velocidad en un sprint de final olímpica, cruzó al segundo palo y Guti empalmó al larguero. La segunda: por la banda contraria, Solari quiebra a uno, dos, tres, abre un boquete en diagonal, toca y finaliza rematando él mismo fuera, en boca de gol. Ni una ni otra acabaron en la red. Pero ese es el fútbol que reclama el Bernabéu, imaginativo, espectacular, valiente y virtuoso. Y es el que derrumba muros como el levantado por el Recre. El Madrid hará bien en explotar estas dos minas de oro. El portugués sube y sube su rendimiento como la espuma y el argentino se ofrece con absoluta entrega cuando le toca poner el cascabel al gato. Las bandas son suyas y eso no tiene precio...

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