Final artero en un gran partido
Por una vez me alegro de que la liga de baloncesto tenga playoff. Si no fuera así, el partido de ayer entre el Barcelona y el Joventut hubiera supuesto un mazazo para el equipo badalonés, que se hubiera visto, quizá ya definitivamente, descartado para la lucha por el título después de haber hecho un partidazo en el mismísimo Palau. Pero como hay playoff, pues al final acabará entrando en él y lo de ayer será un vago recuerdo de algo que sucedió una tarde de diciembre durante la liga regular. Ese resultado final, por las acciones que decidieron el partido, mejor que se olvide, que no exista.
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Estábamos viendo a Carles Marco como un base galáctico de la NBA, con tan sobresaliente actuación que se ponía a la altura del Tomasevic de la última jornada, elevado a los altares por entendidos y aficionados. Veíamos a Vázquez, que nada tenía que envidiar en efectividad en los triples a un famosísimo Jasikevicius. Veíamos a Navarro y Bodiroga llamando a la puerta para reclamar también sus puestos de estrellas. Veíamos a un modesto Joventut ganar a un todopoderoso Barcelona. Hasta que llegó el último minuto. Entonces apareció la táctica y un final artero acabó con tanta belleza.
Fue como ver otra película. De repente desaparecieron los primeros actores y fueron relevados por los secundarios. Espil, que sólo había anotado un lanzamiento de nueve, tuvo la osadía de jugarse un lanzamiento decisivo, Dueñas hizo una falta sin balón a Tabak para que éste lanzara, pues no es capaz de meter uno de cada dos tiros libres, un árbitro señaló falta de Bueno a Dueñas tras un rebote que ya veremos si acaba con Comas en comisaría de las barbaridades que éste le debió decir... Al final, Dueñas, un héroe porque metió los dos tiros. Es de justicia que este final no decida una liga. Habrá revancha.
