El último viaje
El último viaje europeo del Real Betis Balompié acabó entre la neblina de Auxerre. Conrad se hubiera escrito allí mismo otro Corazón de las Tinieblas. A la misma hora que el Málaga conquistaba Leeds, el Betis abandonaba Auxerre como un ejército en retirada, en un aeropuerto colonial donde jugadores, periodistas y seguidores eran embarcados tras pasar lista con el DNI en la mano, como antes de la Guerra Civil. En ese viaje se echaron de menos la victoria y Lopera, faltaron plazas de autobús y uno tuvo sensaciones viejas. Expliquemos.
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Lo que nunca ha querido Manuel Ruiz de Lopera es que su Betis se parezca a ese equipito simpático, poco organizado y tercermundista al que la gente disfrutaba machacando: aquel pobrecito Betis. Lo más parecido a lo que se vio en el Abbé Deschamps. Lo que no vio Lopera porque el catarro y el miedo a la derrota lo dejaron al calor de Jabugo. Y no esto, no es esto...
El presidente del Betis tenía que haber estado allí, sobre carros y carretas: éste podía haber sido un viaje histórico, la primera llegada del Betis a una cuarta ronda europea. El equipo, cansado y ausente, ofreció un rendimiento pobrísimo. La organización mostró lagunas y precios incomprensibles. Lo que se vio (?) no fue el Betis imperial que asusta con Joaquín, Denilson o Assunçao, sino la sombra negra de aquel pobrecito Betis. Lo que Lopera no quiere. ¿Por eso no fue...?
