Iker, la sencillez es el secreto
Iker Casillas es un fenómeno paranormal. No cumple ninguno de los requisitos que se le suponen a un gran portero: ni está loco ni es veterano. Para justificar la locura, siempre se dijo de los guardametas que eran tipos excéntricos marcados por una dura infancia en la que no pudieron ser delanteros, generalmente por malos, condición que les fue retrasando en el equipo del colegio hasta acabar en la portería, lugar en el que te aseguras el puesto (nadie se quiere poner) pero donde te destrozas codos y rodillas sin otra recompensa que un bofetón de tu madre cuando descubre los agujeros en los pantalones y en el jersey. Tal vez por eso Iker se recorta las mangas.
Para justificar la veteranía de los grandes porteros, se dijo siempre que se trataba del puesto de mayor responsabilidad del equipo, donde importa más el saber estar que la palomita, de ahí que la longevidad no sea impedimento, sino ventaja.
Pues bien, frente a la excentricidad, Casillas propone la normalidad absoluta, dentro y fuera del campo. Es un portero comedido y un joven nada afectado. Y cuando te aclaman en el entrenamiento, en la calle y en el estadio, cuando las jovencitas te enseñan las amígdalas (¡¡Ikeeeer!!) dispuestas a enseñarte cualquier cosa, debe ser complicado no sentirse como uno de los Beatles y no comportarse como tal.
Frente a la veteranía, Casillas enseña el carnet: 21 años. Eso sí, cuatro temporadas de experiencia: debutó a los 17 en San Mamés. Y desde el principio y hasta ahora, una carrera fulgurante que le ha consolidado en el Real Madrid y en la Selección.
Tuvo momentos difíciles (de suplencia), pero salió de cada uno empujado primero por un destino pertinaz y luego por su talento. Primero, la lesión de César le hizo jugar la final de la Champions, de la que salió como un héroe; luego la colonia de Cañizares le hizo ser titular en el Mundial, donde repitió hazaña.
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Esta temporada su progresión se ha disparado. A pesar de todas las cosas que suceden en la delantera, es imposible no mirarle a él, sacando manos y tapando huecos, cada vez mejor. Una prueba: Pumpido y Manzano hablaron más de Iker que de Ronaldo.
Lo único que identifica a Casillas con muchos de sus colegas bajo los palos es que es zurdo, porque un zocato cuando es bueno es muy bueno, pero cuando sale malo lo es más que nadie y no es raro que acabe de portero. O de árbitro. O de periodista.