Yo digo Juan Mora

Premio Roncero a la casta

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Fabián Roncero ganó la medalla de bronce en los Europeos de cross con el pie izquierdo descalzo. A los dos kilómetros perdió la zapatilla en un pisotón que alguien le dio y tuvo que correr los ocho que le quedaban con la única protección del calcetín. Terminar una carrera en esas condiciones es una heroicidad; ser tercero, una hazaña. Una zapatilla no sirve sólo para proteger la planta del pie de los accidentes del terrero, que en un cross son mucho mayores que en una pista de tartán, sino también para potenciar el impulso de cada zancada y aumentar la tracción en la pisada.

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Correr con una sola zapatilla debe ser algo parecido a conducir un coche con una rueda pinchada. Lo normal es que la cosa acabe mal. Primero, porque se compite con una falta de confianza tremenda al sentirse en desventaja con los demás, y segundo, porque lo más fácil es que se produzca una lesión. Las articulaciones sufren una barbaridad ante el continuo desequilibrio de las pisadas, pues mientras el apoyo con el pie calzado resulta normal, cuando se apoya el descalzo se acorta inconscientemente la zancada para amortiguar el impacto con el suelo. No tienen más que hacer la prueba.

A Roncero hay que darle un premio. O instituir uno con su nombre para perpetuar la abnegación, la entrega o el sacrificio. Si se llega a retirar, que hubiera sido hasta lo aconsejable, España no hubiera ganado por equipos, sino que se hubiera ido al tercer puesto, pues entonces habría sido Cortés el cuarto atleta español en puntuar y éste entró en el puesto 41. La casta demostrada por Roncero, un atleta que salió de las carreras populares, no del atletismo júnior, ha de quedar como ejemplo para nuestros acomodados jóvenes, convencidos de que si no se calzan unas zapatillas de marca no se puede ni correr.

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