Roncero fue bronce corriendo descalzo
El madrileño perdió una zapatilla apenas iniciada la carrera, pero fue capaz de acabar tercero y liderar al equipo español a la victoria

Ocho kilómetros corrió Fabián Roncero en el Europeo de cross de Medulin (Croacia) con el pie izquierdo ensangrentado, despojado de su zapatilla por un pisotón, rozándose contra la seca y fría hierba e hiriéndose contra las piedras que jalonaban el recorrido. Pero el madrileño, todo corazón, acabó en la tercera plaza y condujo a la selección española a su segundo título consecutivo por equipos.
Fabián corrió como en alguna ocasión hacen los africanos: sin zapatillas. En su caso, sin una de ellas. E involuntariamente, claro. Kenianos y etíopes desprecian a veces los clavos con que agarrarse al suelo. Fabián los echó de menos, pero demostró, una vez más, que es el más africano de nuestros fondistas: rebelde, a veces anárquico, siempre genial, sacrificado...
El circuito parecía fácil, pero engañaba, porque había un viento casi huracanado que soplaba, sobre todo, en la recta final, cuando hay que jugarse el oro, la plata y el bronce y poner el alma sobre la hierba (o el pie descalzo, o ambas cosas) para subir al podio individualmente o para sumar los puntos necesarios para que tu equipo gane.
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Y en esos tramos finales el ucraniano Sergey Lebid atacó inmisericordemente. Eligió el peor momento, en teoría. Y se fue. El peor momento para los demás; el mejor para él. El resto quedó atrás. Roncero había protagonizado una escaramuza no mucho antes, pero no consiguió destacarse. Quizá por ese pie descalzo y sangrante. Pero había que tener valor. En lugar de aguantar como fuera, quiso morir matando. Hay antecedentes: ya atacó a los africanos en el Mundial en pista de Edmonton, que hay que tener valor...
Luego, en este Europeo, luchó bravamente por las medallas. Iba tercero, tras Lebid, indiscutible ganador, y tras el portugués Ornellas, pero éste cayó a falta de unos 30 metros para la llegada, justo por delante de Fabián, que le sorteó y se vio segundo. Pero el francés Essaid, de origen marroquí, le aventajó y dejó el bronce para el madrileño. Es difícil disputar un sprint con un pie en carne viva...
