"Con Elena Gómez he acertado plenamente"
Lleva un cuarto de siglo al frente de la selección nacional femenina y por fin ha conseguido una medalla de oro para España en un Mundial. Premiado por la Federación Internacional por haber estado en siete JJOO consecutivos, más que ningún otro español, Jesús Carballo tenía como mayor éxito el doble oro mundial de su hijo. Con Elena Gómez se reivindica como técnico.
Ha tardado un cuarto de siglo en modelar una campeona.
En la gimnasia, sin metro y sin cronómetro, las medallas son cosa de tiempo, de ir superando etapas. El oro en suelo de Elena Gómez pertenece un poco también a otras gimnastas que antes abrieron brecha.
¿Qué otras de sus chicas merecieron subir a un podio?
Algunas, pero especialmente Laura Muñoz en los Juegos de Los Angeles, y Eva Rueda, y las hermanas Fraguas en los Juegos de Barcelona, y Esther Moya en Sydney. Ellas nos elevaron a la puerta del pedestal.
En masculina, sin tener grandes equipos nacionales, tanto su hijo Jesús como Gervasio Deferr sí logran medallas.
No es comparable. Un hombre dura doce años en la élite, porque a los 28 está en su mejor momento. Una chica que pierde una oportunidad olímpica difícilmente tiene una segunda ocasión. En este Mundial de especialistas he visto como Deferr o mi hijo, que llevan tiempo lesionados, tienen oportunidad de seguir estando en la élite.
¿Qué tiene Elena de especial?
Su talento en la competición, su alegría en los entrenamientos, y, además, que con ella hemos acertado plenamente. No es que falles con otras, pero a veces montas unos ejercicios y las chicas crecen, o cambian, o no les van tan bien. Con Elena ha sido un acierto rotundo. Y luego, en el Mundial, demostró su carácter; no podía fallar, y eso es complicado en 90 segundos tan intensos, y en la última diagonal dio un recital de experiencia para salir airosa de una situación complicada en el vuelo.
¿Ahora aspira a ganar medallas con especialistas?
Aunque las medallas tienen el mismo valor, lo importante es dominar los cuatro aparatos, y Elena tiene talento para ser una número uno en la general cuando domine un segundo salto.
Ella lleva dos semanas respondiendo acerca de su dieta.
Es uno de los tópicos que nos han colocado, pero en este cuarto de siglo no he tenido ni una anoréxica ni una dopada. La sociedad española no acepta medallas a cualquier precio, quiere que sus atletas sean felices y estén limpios. No podemos defraudarla.
La medalla le llegó a la vez que el desastre del Prestige.
Soy un emigrante gallego en Madrid, hijo de marino y de una familia que vive de la ría en Cangas. Más que lo económico, como a todos los gallegos, lo que le está ocurriendo a la mar me duele en el alma.
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¿Qué le queda por conseguir?
Popularizar la práctica de este deporte. Dejé Galicia porque como gimnasta no tenía medios, tenía que atar de patas a un becerro para hacer salto de potro. En este deporte, hoy casi seguimos con lo mismo.
