La estrella rebelde
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Guti volvió a demostrar que es un lujo de jugador. Un futbolista de otra galaxia. Salió y besó el santo del gol. Se lo merecía. Siempre ha confiado en una pierna izquierda que se debe guardar para siempre en el Museo de las estrellas y un instinto ante la portería rival propio de los depredadores más consumados. Siempre ha nadado contracorriente. Nunca le han querido reconocer su vitola de maestro de este deporte y ayer se pudo dar un homenaje muy personal. El Bernabéu le debe una ovación de gala y su camiseta se debe guardar para siempre en el conjunto galáctico de Florentino.
Pocos futbolistas de la plantilla de Del Bosque han pregonado su amor al Madrid como Guti. Ha sido el chico para todo y nunca ha tenido una declaración fuera de tono. No le ha asustado la responsabilidad y cuando le ha tocado su hora ha respondido con creces. Muchos pretendientes ha llamado a su puerta y él ha sido fiel al escudo del Real Madrid. El dinero ha sido secundario en su carrera. Desde que despuntaba en Torrejón soñó con ser importante en el fútbol. Lo ha conseguido y desde el cielo su padre, Luis Acítores, estará disfrutando con su tanto en Yokohama. Guti es especial. Un rebelde que ha luchado contra la injusticia y al final ha salido por la puerta grande.
